domingo, 29 de noviembre de 2020

Victoria Lune: El Gatito más Codiciado

 La mayoría de ustedes seguramente ya la conozcan, porque esta rubia es uno de los gatitos más deseados de la noche porteña.

Esta mina por lo general es presencia en algún boliche, en donde su culo es el protagonista de la noche.

Sin embargo, la rubia ahora está en pareja con un boludo forrado en guita, lo que la alejó un poco de la vida de la noche, lo que no significa que haya dejado sus andanzas gatunas.

Como se ha mencionado, Viqui es la esposa trofeo de un empresario con cara de salame que vive en Puerto Madero o en algún lugar bien cheto. O sea que lo único que hace de su vida es mantenerse linda para que el boludo venga a descargarse con ella y para ser presentada como un trofeo a los amigos de este, que siempre disfruta de presentarla para que ellos vean el minón que se come.

La vida de Viqui está llena de lujos y viajes a cambio de su sacrificio. Pero son unos ilusos si creen que ella se limita a cogerse a su marido.

La rubia es muy calentona y algunas de sus distracciones consisten, además de calentar a los hombres y hacerse desear, en cogerse a algunos a escondidas.

De hecho, a veces ofrecía favores sexuales a modo de moneda de intercambio.

Una noche, ella estaba en su departamento lujoso, aburrida y había terminado de ejercitar su cuerpazo, cuando el hambre la atacó. Ella no es de cocinar, porque siempre va a comer afuera con su novio, que le paga todos los caprichos. Sin embargo, él esa noche no había llegado todavía, porque tenía una reunión con sus socios empresarios.

Así que ella, sin esperarlo, llamó a un delivery para que le trajera algo para cenar.

Todavía vestida con su ropa deportiva, esperó a que llegara su pedido. Y cuando llegó, le abrió la puerta desde el portero eléctrico, para que el pibe del delivery subiera y le trajera su pedido.

Cuando la puerta se abrió y ella apareció ahí, el pibe no podía creer el minón que lo atendía. Apenas si pudo articular palabras para cobrarle. Ella, toda soberbia y orgullosa, lo trató con indiferencia e incluso mal humor, demostrando superioridad frente a ese empleaducho. Le pagó el valor del pedido sin excederse en un solo centavo.

Sin embargo, la propina se la iba a pagar pero no con billetes.

Ella, con su voz de trolita, le dijo:

- Ay, no tengo billetes chicos para darte.

El pibe no podía pensar con claridad, así que no supo qué contestarle, así que ella lo tuvo que apurar:

- Pero puedo recompensarte de otra manera...

Y sin amabilidad, lo empujó contra la pared, empezando a frotarle el bulto por encima del jogging mientras lo miraba a los ojos. El pibe no podía creer lo que estaba pasando, quedando idiotizado al sentir su mano recorriendo su miembro por encima del pantalón. Le miraba la cara, calentándose con la pinta de puta que tenía la rubia.

Pero Viqui no se detendría ahí. Sintiendo que se le ponía dura con sus manoseos, le bajó el elástico, dejando al descubierto su verga, dura y venosa.

Cuando ella lo empezó a pajear con ganas, él alzó una mano para tocarle las tetas, que estaban a la altura de su cara, ya que ella era mucho más alta que él. Le hubiera gustado besárselas, pero Viqui apoyaba su brazo libre en el hombro de él, tratando de mantener distancia para evitar eso. Tenía miedo que él se las chupara y ella se calentara y se terminara cogiendo a ese delivery sólo por impulso.

La rubia se escupió la mano, lubricándosela antes de seguir pajeándolo. Le divertí ver cómo el pibe temblaba con el servicio que estaba recibiendo. Sus ojos expresaban el extasis que estaba soportando.

- Cuánto me cobras un pete?

Le preguntó él, apenas pudiendo hablar.

- No soy una trola.

Le respondió ella, sin dejar de masturbarlo y mintiendo alevosamente, dado que hasta hacía poco le pagaban en dólares para acabarle en la jeta.

- Pago lo que sea...

Ofreció él, a pesar de que su sueldo no le hubiera alcanzado ni para un buen pete.

- Querés acabarme en la boca?

Le insinuó ella, mordiéndose los labios y acercándoselo a él, para que sintiera su aliento, sabiendo el efecto que eso provocaba en los hombres.

- Sí! Te quiero llenar de leche rubia puta!

Gritó él, sin poder controlar el tono de su voz.

- Me gusta que me acaben en la boca. Me tragaría toda tu lechita calentita...

Le dijo ella suavemente al oído, como si fuera un secreto, gimiendo al final de la frase para darle mayor contundencia al impacto de su confesión.

Eso fue todo lo que el pibe pudo soportar. Imaginarse a esa rubia arrodillada delante suyo, con su verga en la boca, mirándolo a los ojos y pidiéndole su leche, provocó que eyaculara.

Su semen brotó de su glande en un chorro blanco y espeso que fue a parar al abdomen marcado de Viqui. Ella lo pajeó más rápido, causando que otros disparos siguieran al primero, salpicando sus abdominales, por donde la eyaculación empezó a resbalar hasta su shortcito deportivo.

La rubia se quedó agarrando la base de aquella pija dura, que todavía palpitaba después de la última descarga, cayendo un poco sobre los dedos que rodeaban el pedazo.

El pibe, exhausto, le agradeció. Ella se limpió el semen que tenía entre los dedos en el pantalón de él, al tiempo que le decía:

- Ahí tenes tu propina. Ya te podes tomar el palo.

Él no esperó que se lo repitiera. Se levantó el jogging y luego de echarle un último vistazo a esas buenas tetas, salió por la puerta, que ella cerró tras él.

Sonrió con satisfacción, le gustaba poder someter de aquella manera a los hombres, a los que veía tan manipulables con sólo ofrecerle un poco de sexo.

Fue hasta la cocina y buscó el rollo de papel de manos, limpiándose la eyaculación que había quedado en su pancita. Si tuviera que admitirlo, diría que le calentaba un poco que los hombres la usaran como un objeto de placer.

Se terminó de limpiar y se dispuso a comer su pedido, orgullosa de sí misma.

 

Una o dos horas más tarde esa noche, su novio volvió al departamento. La reunión de negocios parecía haber tenido éxito y esa noche se iba a festejar por eso con unos amigos.

Uno de ellos, de hecho, había venido con él, acompañándolo hasta allí para que se cambiara y así seguir la joda en otro lado.

Viqui, al oír eso, se iba a alistar para ir con ellos, cuando su pareja le dijo que era una reunión de hombres solamente y que no sería conveniente que ella fuera.

Ella obedeció, acostumbrada a hacer lo que él le decía, aunque un poco indignada de no poder salir ella también de joda. Sin embargo, se alegraba de no tener que ir a esa reunión,  porque la mayoría de los amigos de su novio eran viejos y sin atractivo físico, que la miraban con unas ganas de cogérsela delante mismo de su novio.

Y ejemplo de eso era el amigo y socio que había venido junto a él, un viejo que conocía de vista y que era famoso por ser dueño de un Shopping.

A Viqui no le caía bien, ya que este le había ofrecido plata por un polvo cuando ella ya salía con su actual novio. Y siempre le insistía con lo mismo.

El dueño del departamento se fue a bañar y cambiar, dejándolos a ambos solos.

El silencio reinó entre ambos, mientras ella mantenía su atención en su celular y en las redes sociales, mientras que el viejo la miraba de pies a cabeza, pasándose la lengua por los labios.

Viqui se había vestido creyendo que saldría con su marido, por lo que estaba bastante provocativa. Un escote profundo dejaba a la vista sus pechos, juntos y apretados, a la espera de alguna verga que le hiciera una turca. A su vez, sus piernas torneadas se asomaban por debajo una minifalda que apenas podía ocultar la tanguita roja que llevaba debajo.

Ante esta imagen, la chota del viejo se animó, teniendo que acomodársela en el pantalón, en un gesto que no pasó desapercibido por la rubia, que lo vigilaba de reojo.

- Pensaste en mi oferta?

Indagó el hombre, rompiendo el silencio. Ella tragó saliva, tomando valor para contestarle sin mirarlo:

- Ya te dije que tengo novio. Y es tu amigo.

- Es mi socio no más.

Aclaró él, enfatizando en esa frase, aclarando luego:

- Hoy cerramos un contrato que lo beneficia. Él puede vender sus muebles de lujo en mi Shopping. Pero me parece que me estoy arrepintiendo de haber cerrado el trato. No me conviene...

Advirtió él, provocando que ella lo mirara.

Viqui entendía lo que trataba de decirle. Su novio quería llegar a un acuerdo con aquel y convertirlo en su socio, algo que hasta ahora le había costado. Así que necesitaba convencerlo para que recapacitara. Y ella tenía la oportunidad de contribuir en esa tarea. Después de todo, si al boludo de su marido le iba bien, el mes entrante podrían viajar a Estados Unidos o a algún lugar similar.

Así decidió negociar:

- Qué querés?

Preguntó ella, mirándolo desafiante.

- Ya sabes lo que quiero. Quiero echarte un polvo.

-Bueno. Vamos a coordinar para encontrarnos en la semana y vemos...

- Ahora quiero.

Dijo él, determinante, acercándose y parándose frente a ella.

La rubia alzó la vista para mirarlo a los ojos, porque prácticamente tenía su bulto a la altura de la cara.

- Ahora no! Mi novio se está bañando y puede aparecer en cualquier momento!

Reclamó ella, con la voz cargada de histeria. Pero él no la escuchaba, relamiéndose por lo que venía.

- Entonces me lo vas a tener que hacer rápido.

Anunció, desabrochándose el cinturón y bajpandose el cierre, sin sacarle los ojos de encima.

La rubia se indignó aún más, abriendo la boca para seguir reclamándole. Pero el viejo no quería escucharla, sacando su chota dura y acercándose aún más a ella.

La agarró de la cabeza y le metió su miembro en la boca. La rubia no se resistió mucho más, dejando que él empezara a moverse hacia delante y atrás, cogiéndose su boquita.

- Ah! Sos toda una putita...

Gimió el viejo, mirando al techo mientras disfrutaba de lo que le hacía a la novia de su socio. La minuza, con el entrecejo apretado, lo miraba mientras su glande chocaba contra su garganta.

La mano del viejo bajó y dejó al descubierto una goma de Viqui, acariciándola con fuerza.

Ella dejó que se lo hiciera, a pesar de que no lo disfrutaba. Entonces el viejo la soltó y ella siguió chupándosela, mirándolo a los ojos, con gesto de ofendida.

- Sin manos!

Le ordenó él, así que ella obedeció y chupó su glande apoyando sus manos en las piernas de él, mientras cabeceaba hacia delante y atrás, ante la atenta mirada del agasajado.

- Naciste para ser puta.

Reconoció él, viendo cómo los labios de ella rodeaban su tronco y se lo engullía, antes de dejarlo libre para pasarle la lengua desde la base hasta la punta, antes de hacerlo desaparecer de nuevo en su boquita.

Entonces la rubia lo empezó a pajear, para que acabara antes de que su novio los descubriera. Con sus dedos finos y delicados, rodeo el venoso miembro, deslizando su mano desde sus huevos hasta su glande, primero despacio y luego acelerando el ritmo. Para completar el cuadro, apoyaba sus labios en la punta de su verga, a la espera del semen que aquel pudiera disparar en su boca.

Pero el viejo todavía no quería acabar, no antes de darse un gusto.

Sin pedirle permiso, desnudó el pecho de ella, dejando sus tetas a la vista y las juntó para meter su pija entre ellas.

- Haceme una turca.

Le pidió, caliente como estaba.

Viqui juntó sus gomas, apretándola bien entre sí y él metió su chota entre ellas, asomándose apenas en medio de ambas.

La rubia sostuvo sus tetas de cada lado, impidiendo que la pija que estaba aprisionada se escapara. Mientras que él la agarraba de los hombros, moviendo su pelvis hacia delante y atrás, como si se cogiera sus pechos o mejor dicho, pajeándose con ambos.

Era una hermosa sensación sentir esas tetas duras apretándolo, rozando su piel y recibiendo sus violentas embestidas.

Ella escupió el glande para facilitar su deslizamiento, lubricándolo con su saliva.

- Sacá la lengua, puta.

Extasiado, apenas pudiendo hablar ante el delirio de placer al que estaba sometido. Ella obedeció y él se movió más rápido aún, haciendo que la cabeza de su pija rozara la lenguita rosada del gatito rubio.

El viejo se pajeó un poco más con esas tetas jóvenes, mirando a su dueña a los ojos y el roce con esa lenguita le provocó una explosión.

Un escupitajo blanco salió expulsado hacia la lengua de Viqui, que demostró haber sentido el sabor del semen que había aterrizado en ella, recogiendo la lengua en su boca. Sin embargo, volvió a sacarla nuevamente, aunque sin rastros de líquido seminal en ella, denotando que se lo había tragado.

Otra descarga siguió a la primera, yendo a parar de vuelta a su lenguita, pero también a su estilizado mentón y a la comisura de su boca.

El viejo gimió tras esa descarga, pegando fuertes empujones para permitir que su leche saliera expulsada hacia ella.

Una última descarga dibujó una línea blanca en el cuello de cisne de la modelito, empezando luego a deslizarse en gotas hacia sus tetas.

El hombre dejó de moverse, soltándola y permitiendo que ella siguiera pajeándolo hasta que la última gota hubiera brotado de él. Viqui miraba con atención el glande para limpiarlo lo mejor posible. Pero el viejo tenía otros planes.

Agarró su miembro y se lo metió en la boca, obligándola a que succionara y le terminara de limpiar su fluido seminal.

Viqui se la chupó, tragándose todo liquido que hubo sentido en su boca, siendo soltada finalmente por el viejo, que había quedado exhausto.

- Muchas gracias. Esa boca te va abrir muchas puertas.

Reconoció él, que cayó sentado en una silla porque las piernas ya no le respondían.

La rubia lo ignoró, yendo a buscar nuevamente el papel de manos para limpiarse la cara y las tetas.

Y había terminado de cubrirse el pecho cuando su novio salió de la ducha, ya cambiado y listo para salir.

- Perdón por hacerte esperar. Espero que no te hayas aburrido!

Le comentó el boludo.

- No. Tu mujer me entretuvo un poco...

Bromeó su socio y ambos rieron.

Entonces, el novio de la rubia fue a despedirse de ella y le dijo que dejaba el auto porque su amigo lo llevaba.

Y sin alargarla más, ambos masculinos se fueron a seguir de joda por la noche porteña, dejando a su esposa trofeo en la casa.

 

Viqui no se quejó, prefería que él hiciera la suya a tener que fumarse a los pajeros de sus amigos, que buscabas cualquier excusa para rozarla, tocarla e incluso apoyarla. Y siempre mirándole el culo y las tetas, cosa que no era culpa de ellos porque ella misma iba vestida para provocarlos.

Se sentía un poco indignada por lo sucedido en la última hora, por lo que decidió despejarse yéndose ella a dar una vuelta por la ciudad, para sacarse el malhumor.

Entonces agarró las llaves del auto de su marido y se fue al estacionamiento a buscarlo.

Por lo general él no le permitía usarlo, porque era un auto de alta gama y tenía miedo que ella lo chocara y tener que pagar el coste del mismo.

Sin embargo, él no estaba ahí y ella se quería dar un gusto.

Así que sin pedir permiso, salió a dar unas vueltas con el auto.

Pasó la noche con algunas amigas en un bar, tomando hasta que llegó la hora de irse.

El problema es que estaba llegando al edificio donde vivía cuando hizo una mala maniobra y le hizo una abolladura en la chapa al auto.

No era muy grande pero se notaba y si su novio se daba cuenta que había usado su auto sin su permiso, encontraría la manera de castigarla, seguramente sin regalarle sus caprichos.

Viqui, medio atontada por todo lo que había tomado, pensó con rapidez y resolvió llevar el vehículo al taller mecánico 24 hs que quedaba cerca de allí.

Durante el camino, rogaba que estuviera abierto y la atendieran.

Llegó y al meter el auto, un tipo delgado y demacrado salió a recibirla. Estaba fumando y por su actitud, parecía estar desocupado.

La rubia estacionó y salió del auto, un poco mareada todavía por el alcohol. Y el flaco la recorrió con la mirada, sin poder creer el monumento de mujer que tenía delante.


Ella, toda delicada y felina, se acercó a hablar con el hombre, que visiblemente tenía más años que ella.

Disimulando su ebriedad, le explicó la urgencia de su problema.

El hombre revisó la abolladura y le dijo que podría hacerlo, teniéndolo listo en un par de horas.

El problema era que tenía otros trabajos por delante e iba a tener que esperar.

Viqui le rogó que lo reconsiderase, que le pagaría el doble de lo que correspondía, pero a él no le interesaba el dinero.

Ya cuando la vio tuvo ganas de pegarle una cogida y cuando notó su borrachera, creyó que podría sacar ventaja. Y ya cuando escuchó su problema, improvisó un plan que lo llevara al resultado que quería.

- Tiene que haber alguna forma de ayudarme!

Le imploró ella.

- Es que hay otros que tiene turno antes que usted. Y son de mayor urgencia.

La rubia, al escuchar eso, sintió que la angustia la invadía. Entonces, decidió usar sus trucos gatunos.

- Hay alguna forma que pueda convencerlo?

Preguntó, mientras con un dedo acariciaba la profunda línea que separa sus pechos y que aquel hombre no pudo evitar mirar, sintiendo que su miembro se endurecía. Y la minuza pudo notar cómo la entrepierna de su mameluco se inflaba gradualmente, considerándolo una reacción a su provocación.

- No puedo, rubia. Mi jefe no está y si llega a venir y ve que pierdo tiempo con otro pedido, me va armar quilombo!

- Dale, amor. Hacelo por mí...

Le pidió ella, con vos de gatita en celo y juntando sus codos en el ombligo, haciendo que sus tetas se apretaran y quedan más grandes.

- Y yo qué gano?

- Toda mi gratitud...

Le respondió ella, llevándose un dedo a los labios. Él la miró con ganas de tirarsele encima, se acomodó la verdad que amenazaba con perforar el pantalón y le sugirió:

- Si me das un adelanto de esa gratitud, puedo trabajar rápido y devolverte el auto antes de que en tu casa se enteren de que lo chocaste. Pero vas a tener que decidir rápido antes que llegue mi jefe.

Ella, en su estado de ebriedad, no pudo pensar con claridad, así que decidió resolver aquello lo antes posible.

- Te hago una paja y cerramos trato.

- Un pete. O no hay trato.

Subió la apuesta el mecánico, que ya saboreaba el gatito que se iba a comer.

Ella quiso objetar, pero él ya la agarraba de la cintura y le acercaba la cara para besarla. Viqui sintió su aliento a pucho y le corrió la cara, así que él se conformó con besarle y lamerle el cuello, recorriendo el camino hacia sus tetas.

Y sin pedir permiso, liberó sus tetas del escote, apretándolas con sus manos antes de chuparle los pezones. Mientras tanto, ella empezaba a amasarle el bulto por encima del mameluco.

Él, sintiendo la deliciosa paja que ella le hacia y con miedo de acabar antes de poder disfrutar de su peteada, procedió a bajarse el cierre del enterizo, bajándoselo para que ella pudiera maniobrar mejor.

Su verga rebotó al ser liberada, quedando como un obelisco apuntando al ombligo de ella.

Si Viqui tuviera que admitir algo era que aquel mecánico la tenía muy gruesa y un poco larga. Lo que le daba asquito eran los pelos alrededor de la base.

Entonces, se escupió la mano y empezó a pajearlo.

El hombre, hundido entre sus tetas, gimió de placer. Si había algo en lo que era experta, era en masturbar hombres.

- Qué cogida te pegaría rubia puta!

Le dijo él, mirándola a la cara. Ella no respondió, solamente lo miró y después le escupió el glande, para lubricarlo un poco más.

El hombre, que ya había aguantado bastante la previa, la agarró de la cabeza y la empujó para abajo, obligándola a arrodillarse. La rubia apenas se resistió, cayendo de rodillas frente a la verga del mecánico. Y este, agarrando su miembro por la base como si fuera un garrote, y con la otra el pelo de Viqui, le metió la chota en la boquita de ella.

El gatito recibió el pedazo abriendo los labios y succionando su glande. Tenía apuro así que quiso abreviar pegando unas buenas cabeceadas, con movimientos cortitos que aceleraban su ritmo.

El mecánico miró al cielo primero y luego a la rubia, que vigilaba sus gestos para sacársela de la boca antes de que se la llenara de semen.

Sin embargo, él se la sacó y le pegó con la pija en la cara. La mina sintió los garrotazos y luego volvió a pasarle la lengua lo largo del tronco, hasta llegar a la punta para engullirse su cabezona. Y una vez allí, volvió a cabecear rápido para obligarlo a acabar.

A él ya le temblaban las piernas y la vena de su verga ya se estaba poniendo gruesa, señal de que se preparaba para descargar.

Sin embargo, estaban en el mejor momento cuando la puerta del fondo se abrió y por ella apareció otro hombre. Era el jefe de aquel flaco. Y a diferencia de este, era más bajo y panzón, con una pinta de camionero indescriptible. De por sí ya tenía cara de pocos amigos, que se potenció al descubrir lo que hacía su empleado cuando él no estaba.

- Otra vez trayendo putas al taller!

Le gritó, acercándose con rapidez mientras el aludido trataba de subirse el pantalón, unos segundos antes de terminar.

Viqui, todavía de rodillas, no supo qué actitud adoptar.

El gordo, viendo lo buena que estaba la rubia, la agarró de un brazo y la levantó del suelo, mientras ella se tapaba las tetas con las manos, quedando entre los dos hombres.

- Y esta trola quién es? Te estás patinando la guita en gatos caros?

Le reclamó, viendo la sofisticación de la mina. Ella no alcanzó a defenderse porque el mecánico flaco la interrumpió.

- No es un gato! Es una clienta. Lo que pasa es que estábamos llegando a un acuerdo...

Y le explicó el problema que aquella tenía y lo que había llevado a que la situación terminara así.

- Tenés laburo por delante. Y estas cogiendo en vez de adelantar! Dejame que yo me encargue de ella y vos seguí trabajando!

Le ordenó sin escucharlo, todavía agarrando del brazo a la mujer y sin dejar de mirarle el hermoso culo que tiene ella.

- Mi trato es con él.

Se atajó Viqui, aunque él la contradijo:

- Yo soy el dueño de este taller. Así que deberías negociar conmigo...

Ella tragó saliva y antes que pudiera agregar algo, él ya enfatizaba:

- Y estás soñando si crees que me voy a conformar con un pete no más.

Y sin pedir permiso, le dio un sonoro chirlo en la cola.

- Y si no quiero qué?

- Te podés llevar tu auto como lo trajiste. Tal vez tu noviecito no se dé cuenta del golpe. Pero si llamo a la policía y denuncio que estás manejando borracha, te vas a comer una multa o tal vez algo más...

La chantajeó el gordo, acomodándose el miembro en el jean, que imploraba por salir ya.

Viqui no supo si fue por el alcohol o por la forma de imponerse de aquel hombre, o porque estaba cansada por discutir, pero lo que si supo es que un minuto después, el gordo estaba saboreando sus tetas.

El tipo era más petizo que ella y gordo, y la trataba sin delicadez, con mucha fuerza.

Entonces él la empujó contra el auto y le empezó a bajar el cierre del shortcito, sin que ella se resistiera, dejándolo proceder y apenas apoyando sus manitos en los hombros de él.

El gordo la agarró por la cintura y la dio vuelta, quedando de espaldas a él, arrodillándose luego y bajándole el shortcito, quedando al descubierto sus cachetes firmes y redondos. El hombre le corrió la tanguita azul y hundió su cara en ese culito deseado por todos.

Viqui gimió al sentir la lengua del mecánico lamiendo sus labios vaginales, mientras sus dedos gruesos le apretaban las nalgas con fuerza.

Mientras tanto, su empleado se había quedado cerca, pajeándose ante esa imagen.

Viqui, borracha como estaba, se limitó a disfrutar de lo que esos hombres le hicieran sin su permiso, sin resistirse siquiera.

Entonces el gordo consideró que ya estaba bastante lubricada, así que pensó que era hora de penetrarla. Así que, sacando su miembro, que era grueso pero más corto que el de su empleado, lo apoyó en la entrada de la vagina de Viqui, empujándola despacito hacia adentro.

Cuando ella lo sintió dentro suyo, gimió de placer. Sentirse así sometida la calentaba mucho. Y encima, cuando el gordo retrocedió y volvió empujarla, sintió que sus piernas le temblaban, algo poco común en ella.

El hombre la agarró de la cintura y se la empezó a coger con violencia, estrellando contra ella su pelvis en un movimiento continuo, mientras ella apoyaba sus manos en el capó del auto.

Solamente el sonido del choque se escuchaba, mezclado con los jadeos de los hombres al estimular sus miembros, uno dentro de la modelito y otro con sus propias manos.

El dueño del taller se la culeó un rato más de parado, pero luego tuvo que parar un poco o se arriesgaba a acabar rápido.

Separándose de ella, retrocedió un paso antes de ordenarle:

- Arrodillate y chupamela.

Ella se apuró a obedecer, y con mucha elegancia, se puso de rodillas y se metió la verga de aquel desconocido en la boca, mirándolo a los ojos, desafiante. Él festejó aquello, sosteniéndole la mirada, aunque sin disimular el placer que le causaba aquello.

Entonces, después de aquel recreo, la ayudó a levantarse y la agarró de la cintura, ayudándola a subirse al capó del auto, en donde la sentó. Una vez ahí, le sacó la tanga y la abrió de piernas, acomodándola para que quedara a la altura de su verga. Y una vez así, la volvió a penetrar.

No fue nada delicado, entró y salió con rusticidad, estampándole feroces embestidas que la hicieron soltar gritos sofocados. El gordo, agarrándola por ambas piernas, le chupaba las tetas, mientras ella le aferraba las muñecas, con los ojos cerrados para no ver al sujeto que la sometía.

Se escuchaban los violentos aplausos acelerados provocados por el estrellar de ambas pelvis, mezclados con las puteadas que el tipo le profería a la modelito.

Y todo esto era presenciado por el flaco, que no dejaba de pajearse mirando a la rubia.

En un momento, su jefe le cerró las piernas al gatito, acomodándola de costado sobre el capó del vehículo, obligándola a que saque cola para darsela en esa posición. Y el flaco, aprovechando que la trolita había quedado de costado, con las tetas redondas y firmes muy apretadas, se acercó y se las manoseó, sin dejar de masturbarse.

Se la quería coger en cuanto su jefe terminara con ella, que era algo que podía pasar en cualquier momento.

El gordo, que aferraba a Viqui por una pierna y con la otra mano le agarraba el culo, notó que la descarga venía en camino. Un espasmo lo sacudió, sintiendo que sus fluidos seminales ya recorrían por el interior de su miembro.

Justo en ese momento hizo contacto visual con ella, y su carita lastimosa con la boquita abierta, fue suficiente para que lo hicieran decidirse en un segundo.

Retrocediendo un paso, la agarró a ella por una muñeca y sin decirle una palabra, la bajó del auto y ella, como entendiendo lo que pasaba, accedió, cayendo de rodillas delante del mecánico.

Él, al tenerla de rodillas delante, le metió la verga entre los labios, masturbándose salvajemente. No tardó mucho en sentir una descarga eléctrica en su miembro. En medio de estremecimientos de placer, su chota disparó un potente chorro de leche en la boquita de la mina, sin que él dejara de pajearse y gemir. Ella lo miraba mientras él le acababa en la boca, con una mano sobre la rubia cabellera suya.

Luego de descargarle la última gota, él dio algunos pasos hacia atrás, exhausto por la tarea, mientras ella trataba de escupir el fluido que le había quedado en la boca. Sin embargo, estaba por hacer esto cuando, de improviso, el flaco se acercó con prisa a ella. Y en un segundo, se le paró al lado con su verga grande apuntando a su cara.

Y antes que pudiera evitarlo o decir algo, él le escupía potentes chorros de semen en el rostro. Viqui trató de esquivarlo, pero él la aferró de la cabeza y no pudo zafarse, quedando en el camino de sus descargas. El flaco gimió con ganas, acompañando su venida sobre la rubia.

Una vez que ya se hubo descargado, también retrocedió, para ver el resultado de su labor.

Viqui tenía toda la carita salpicada de fluido seminal, que chorreaban por ella hasta caerle en las tetas, mientras ambos hombres sonreían y se felicitaban por el resultado.

Ella ardía de furia y de vergüenza, sintiendo en lo profundo de su ser que ese había sido su castigo por haber desobedecido a su novio cuando le dijo que no le usara el auto.

Los hombres, ya relajados y recuperados, se vestían a la vez que decían:

- Bueno, ya nos divertimos. Ahora es hora de laburar...

Y se pusieron a cumplir su parte del trato, dejando a la rubia que se repusiera de la cogida que le había pegado el mecánico.

 


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