Rocío golpeó la puerta a Javi, el dueño del boliche. Y desde adentro, se escuchó a una voz malhumorada que la invitaba a pasar.
- Le dije
al boludo de Sebastian que no dejara pasar a nadie!
Le comentó
alzando la voz y al descubrir quién entraba dijo:
- Ah, sos
vos, Rocío. Pasá!
Y ella entró, sonriente y con buena onda.
- Sí, qué
necesitas?
Quiso saber
él, yendo al grano porque estaba ocupado.
- Te venía
a preguntar sobre la propuesta que te hice el otro día...
- Uh, otra
vez con eso?
Se enojó el
viejo, dando a entender que no pretendía volver a tocar aquel tema.
- Otra vez
me vas a romper las pelotas con lo del vip? No voy a poner un vip con tu nombre?
No puedo! Porque después van a las venir las otras boludas a reclamarme lo
mismo!
Aquel
asunto ya lo habían hablado muy superficialmente durante la semana. Rocío
quería que el jefe apartara una zona del boliche para convertirlo en vip y que
le pusiera su nombre. Era un pedido muy ambicioso, pero ella estaba dispuesta a
conseguirlo sin importar lo que le costara.
- Ay dale
Javi! Qué puedo hacer para convencerte?
- Nada! No
hay forma de que me convenzas!
- Estas
seguro?
Insinuó
ella y al decir eso se acercó a su escritorio en donde él estaba sentado,
apoyando las manos en la mesa y dejando que sus tetas perfectas colgaran
delante suyo, haciendo que los ojos del dueño del boliche, que se quedó
hipnotizados viéndolas.
- Hago lo
que me pidas.
Le dijo
ella con voz suave, bajando la voz para que fuera un secreto entre ambos.
- Me muero
de ganas de cogerte. Pero si las otras se enteran me van a empezar a romper las
pelotas.
Se excusó
él, que sentía cómo dentro de su pantalón su miembro crecía gradualmente.
La Cleri
avanzó hacía él y se apoyó en su hombro, dejando que sus pechos quedaran
delante de su cara.
Su jefe no
pudo contenerse y hundió su rostro en medio de esas gomas redondas y turgentes.
En el fondo sabía que aquel gatito le iba a costar caro, pero en ese momento
estaba muy caliente para pensar con claridad.
Rocío
sonrío con superioridad al ver a Javi besarle los pechos con pasión,
recorriendo el camino hacia sus pezones, a los que encontró al sacarle el
corpiño.
Liberada
del sostén, sus pechos se bambolearon a la vista y enloquecieron al viejo, que
se prendió a la teta como un pendejo alzado. Las juntó y las apretó entre sus
dedos, haciendo lo que quería hacerle cada vez que las veía.
- Queres
que te haga un pete?
Le ofreció
ella, sintiendo que un calor lujurioso e involuntario también recorría su
cuerpo.
Él, a modo
de respuesta, se bajó el cierre del pantalón y sacó su pene por la bragueta, ya
duro y esperando por ella. Rocío entonces se arrodilló delante suyo, apoyó una
mano en la pierna de él y con la otra aferró el miembro antes de metérselo en
la boca, mirando a los ojos a su jefe.
Él echó la
cabeza hacia atrás al contacto con sus labios húmedos, y volvió a mirarla,
viendo como subía y bajaba aferrando su verga.
- Qué bien
que peteas, putita.
Le dijo Javi,
disfrutando de esa boca carnosa.
- Te la voy
a chupar cuando me lo pidas. Si me das lo que yo quiero.
Él aceptó
con un movimiento afirmativo y después, la agarró de la cabeza y la empujó
hacia abajo, haciendo que su verga se hundiera hasta la garganta de ella.
Rocío no se
quejó, sintiendo que se ahogaba con la chota atravesada en su garganta. Él la
soltó y ella pudo respirar, haciendo una arcada al sacarse el miembro de la
boca, mientras una lágrima caía por su mejilla. Lo pajeó un rato mientras
recuperaba el aliento y entonces él le ordenó:
- Queres
estrenarlas?
Bromeó
ella, mientras rodeaba con sus tetas la verga dura de su jefe. Pero él primero
le escupió entre medio, antes de que ella juntara sus gomas y lo aprisionaran
entre medio.
Entonces
empezó a subir y bajar gradualmente, sintiendo el roce de su piel con aquel
movimiento.
- Qué
hermosa imagen!
Exclamó él,
viéndola a ella arrodillada delante suyo y pajeándolo con sus tetas recién
operadas.
Su glande
se asomaba y desaparecía contínuamente entre esos pechos bien apretados, viéndose
que ya algunas gotas de líquido pre seminal se asomaban de su punta.
- Sos el
polvo más caro de mi vida.
Confesó él,
extasiado. Ella se rio por su comentario y dejó de pajearlo para cambiar de
pose.
Se levantó,
se dio vuelta (dándole la espalda) y con un movimiento muy sensual, muy gatuno,
se empezó a baja el cierre de la minfalda. Y por último se la empezó a sacar
con movimientos de sus caderas.
Una
tanguita blanca, muy finita, quedó a la vista. Javi apenas tuvo tiempo de darle
un sonoro chirlo antes de que ella corriera a un lado la tela y luego se
sentara arriba de él, dándole la espalda, para pegarle unos buenos sentones.
Al contacto
con la piel de su vagina, su jefe tembló. Entonces sintió como su pija entraba
lentamente en ella, penetrándola. Rocío, ya con la verga de su jefe adentro,
empezó a moverse arriba y abajo, haciendo que su hermoso culito chocara contra
la pelvis de él, que casi podía ver que su miembro salía casi por completo de
ella antes de volver a entrar, así sucesivamente mientras ella lo cabalgaba de
espaldas.
La Cleri
gemía, caliente por tener al dueño del boliche dentro suyo, humedeciéndose cada
vez más. Rogaba que no le acabar adentro, pero deseba que acabara rápido, así
que empezó a aumentar el ritmo de sus movimientos.
La
aceleración causó que Javi se calentara mucho más todavía, así que quiso tomar
control de la situación.
Agarrándola
de la cintura, se puso de pie sin salir de la conchita suya, empujando contra
la mesa, donde ella cayó recostada.
Él, sin
soltar su cintura, empezó a cogérsela con más fuerza, pegándole unos buenos
empujones que hacían que sus tetas se balancearan delante suyo. Ella gimió al
sentir cómo su jefe se la garchaba violentamente, mientras le manoseaba las tetas,
apretándola entre sus manos.
- Sos una
trola! Sos re puta!
Le gritaba
él, y Rocío giró su cara para mirarlo mientras se lo hacía.
- Quiero tu
lechita!
Le pidió la
Cleri a su jefe con suavidad, como una gatita en celo, mirándolo a los ojos.
Aquello fue
demasiado para él, que se separó de ella, agarrando su miembro mientras sentía
que una descarga venía en camino, tratando de reprimirlo.
-
Arrodiyate!
Le ordenó y
ella obedeció, agachándose y dejando su cara a la altura de la verga del viejo.
Y sin que se lo pida, sacó su lengüita rosada y húmeda, mirándolo a los ojos.
Su jefe se
pajeó un poco y entonces su pija explotó como un volcán. Un chorro de semen
brotó de su glande, saliendo disparada hacia la Cleri, que recibió la escupida
en su lengua. Una descarga con mayor potencia salió expulsada de su miembro,
yendo a parar a los labios y comisura de ella. Y sin dejar de pajearse, su jefe
apuntó a la otra mejilla del gatito, para regarle todo su semen en su carita de
puta.
Cuando la
última gota hubo salido, ella se metió la chota en la boca, succionándola para
vaciarla del todo.
- Qué
puerquita que sos! Bien puta y bien puerca!
Le dijo
Javi, con las piernas temblando. Ella, todavía arrodillada y limpiándose un poco con las manos, le
preguntó:
-Entonces vas a cumplir con tu parte?
- Sí.
Siempre que saques la leche así, vas a tener todo lo que me pidas.
Y le
alcanzó un poco de papel para que se limpiara mejor.
Ella
entonces, se terminó de arreglar la ropa, mientras él le pedía:
- Que nadie
se entere de esto eh!
- Va a ser
nuestro secreto.
Y después
de dedicarle una sonrisa de complicidad, salió de la oficina.
Y así fue como nació el Vip La Cleri.
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