La mayoría de ustedes seguramente ya la conozcan, porque esta rubia es uno de los gatitos más deseados de la noche porteña.
Esta mina
por lo general es presencia en algún boliche, en donde su culo es el
protagonista de la noche.
Sin
embargo, la rubia ahora está en pareja con un boludo forrado en guita, lo que
la alejó un poco de la vida de la noche, lo que no significa que haya dejado
sus andanzas gatunas.
Como se ha
mencionado, Viqui es la esposa trofeo de un empresario con cara de salame que
vive en Puerto Madero o en algún lugar bien cheto. O sea que lo único que hace
de su vida es mantenerse linda para que el boludo venga a descargarse con ella
y para ser presentada como un trofeo a los amigos de este, que siempre disfruta
de presentarla para que ellos vean el minón que se come.
La vida de
Viqui está llena de lujos y viajes a cambio de su sacrificio. Pero son unos
ilusos si creen que ella se limita a cogerse a su marido.
La rubia es
muy calentona y algunas de sus distracciones consisten, además de calentar a
los hombres y hacerse desear, en cogerse a algunos a escondidas.
De hecho, a
veces ofrecía favores sexuales a modo de moneda de intercambio.
Una noche,
ella estaba en su departamento lujoso, aburrida y había terminado de ejercitar
su cuerpazo, cuando el hambre la atacó. Ella no es de cocinar, porque siempre
va a comer afuera con su novio, que le paga todos los caprichos. Sin embargo,
él esa noche no había llegado todavía, porque tenía una reunión con sus socios
empresarios.
Así que
ella, sin esperarlo, llamó a un delivery para que le trajera algo para cenar.
Todavía
vestida con su ropa deportiva, esperó a que llegara su pedido. Y cuando llegó,
le abrió la puerta desde el portero eléctrico, para que el pibe del delivery
subiera y le trajera su pedido.
Cuando la
puerta se abrió y ella apareció ahí, el pibe no podía creer el minón que lo
atendía. Apenas si pudo articular palabras para cobrarle. Ella, toda soberbia y
orgullosa, lo trató con indiferencia e incluso mal humor, demostrando superioridad
frente a ese empleaducho. Le pagó el valor del pedido sin excederse en un solo
centavo.
Sin
embargo, la propina se la iba a pagar pero no con billetes.
Ella, con
su voz de trolita, le dijo:
- Ay, no
tengo billetes chicos para darte.
El pibe no
podía pensar con claridad, así que no supo qué contestarle, así que ella lo
tuvo que apurar:
- Pero
puedo recompensarte de otra manera...
Y sin
amabilidad, lo empujó contra la pared, empezando a frotarle el bulto por encima
del jogging mientras lo miraba a los ojos. El pibe no podía creer lo que estaba
pasando, quedando idiotizado al sentir su mano recorriendo su miembro por
encima del pantalón. Le miraba la cara, calentándose con la pinta de puta que
tenía la rubia.
Pero Viqui
no se detendría ahí. Sintiendo que se le ponía dura con sus manoseos, le bajó
el elástico, dejando al descubierto su verga, dura y venosa.
Cuando ella
lo empezó a pajear con ganas, él alzó una mano para tocarle las tetas, que
estaban a la altura de su cara, ya que ella era mucho más alta que él. Le
hubiera gustado besárselas, pero Viqui apoyaba su brazo libre en el hombro de
él, tratando de mantener distancia para evitar eso. Tenía miedo que él se las
chupara y ella se calentara y se terminara cogiendo a ese delivery sólo por
impulso.
La rubia se
escupió la mano, lubricándosela antes de seguir pajeándolo. Le divertí ver cómo
el pibe temblaba con el servicio que estaba recibiendo. Sus ojos expresaban el
extasis que estaba soportando.
- Cuánto me
cobras un pete?
Le preguntó
él, apenas pudiendo hablar.
- No soy
una trola.
Le
respondió ella, sin dejar de masturbarlo y mintiendo alevosamente, dado que
hasta hacía poco le pagaban en dólares para acabarle en la jeta.
- Pago lo
que sea...
Ofreció él,
a pesar de que su sueldo no le hubiera alcanzado ni para un buen pete.
- Querés
acabarme en la boca?
Le insinuó
ella, mordiéndose los labios y acercándoselo a él, para que sintiera su
aliento, sabiendo el efecto que eso provocaba en los hombres.
- Sí! Te
quiero llenar de leche rubia puta!
Gritó él,
sin poder controlar el tono de su voz.
- Me gusta
que me acaben en la boca. Me tragaría toda tu lechita calentita...
Le dijo
ella suavemente al oído, como si fuera un secreto, gimiendo al final de la
frase para darle mayor contundencia al impacto de su confesión.
Eso fue
todo lo que el pibe pudo soportar. Imaginarse a esa rubia arrodillada delante
suyo, con su verga en la boca, mirándolo a los ojos y pidiéndole su leche,
provocó que eyaculara.
Su semen
brotó de su glande en un chorro blanco y espeso que fue a parar al abdomen
marcado de Viqui. Ella lo pajeó más rápido, causando que otros disparos
siguieran al primero, salpicando sus abdominales, por donde la eyaculación
empezó a resbalar hasta su shortcito deportivo.
La rubia se
quedó agarrando la base de aquella pija dura, que todavía palpitaba después de
la última descarga, cayendo un poco sobre los dedos que rodeaban el pedazo.
El pibe,
exhausto, le agradeció. Ella se limpió el semen que tenía entre los dedos en el
pantalón de él, al tiempo que le decía:
- Ahí tenes
tu propina. Ya te podes tomar el palo.
Él no
esperó que se lo repitiera. Se levantó el jogging y luego de echarle un último
vistazo a esas buenas tetas, salió por la puerta, que ella cerró tras él.
Sonrió con
satisfacción, le gustaba poder someter de aquella manera a los hombres, a los
que veía tan manipulables con sólo ofrecerle un poco de sexo.
Fue hasta
la cocina y buscó el rollo de papel de manos, limpiándose la eyaculación que
había quedado en su pancita. Si tuviera que admitirlo, diría que le calentaba
un poco que los hombres la usaran como un objeto de placer.
Se terminó
de limpiar y se dispuso a comer su pedido, orgullosa de sí misma.
Una o dos
horas más tarde esa noche, su novio volvió al departamento. La reunión de
negocios parecía haber tenido éxito y esa noche se iba a festejar por eso con
unos amigos.
Uno de
ellos, de hecho, había venido con él, acompañándolo hasta allí para que se
cambiara y así seguir la joda en otro lado.
Viqui, al
oír eso, se iba a alistar para ir con ellos, cuando su pareja le dijo que era
una reunión de hombres solamente y que no sería conveniente que ella fuera.
Ella
obedeció, acostumbrada a hacer lo que él le decía, aunque un poco indignada de
no poder salir ella también de joda. Sin embargo, se alegraba de no tener que
ir a esa reunión, porque la mayoría de
los amigos de su novio eran viejos y sin atractivo físico, que la miraban con
unas ganas de cogérsela delante mismo de su novio.
Y ejemplo
de eso era el amigo y socio que había venido junto a él, un viejo que conocía
de vista y que era famoso por ser dueño de un Shopping.
A Viqui no
le caía bien, ya que este le había ofrecido plata por un polvo cuando ella ya
salía con su actual novio. Y siempre le insistía con lo mismo.
El dueño
del departamento se fue a bañar y cambiar, dejándolos a ambos solos.
El silencio
reinó entre ambos, mientras ella mantenía su atención en su celular y en las
redes sociales, mientras que el viejo la miraba de pies a cabeza, pasándose la
lengua por los labios.
Viqui se
había vestido creyendo que saldría con su marido, por lo que estaba bastante
provocativa. Un escote profundo dejaba a la vista sus pechos, juntos y
apretados, a la espera de alguna verga que le hiciera una turca. A su vez, sus
piernas torneadas se asomaban por debajo una minifalda que apenas podía ocultar
la tanguita roja que llevaba debajo.
Ante esta
imagen, la chota del viejo se animó, teniendo que acomodársela en el pantalón,
en un gesto que no pasó desapercibido por la rubia, que lo vigilaba de reojo.
- Pensaste
en mi oferta?
Indagó el
hombre, rompiendo el silencio. Ella tragó saliva, tomando valor para
contestarle sin mirarlo:
- Ya te
dije que tengo novio. Y es tu amigo.
- Es mi
socio no más.
Aclaró él,
enfatizando en esa frase, aclarando luego:
- Hoy
cerramos un contrato que lo beneficia. Él puede vender sus muebles de lujo en
mi Shopping. Pero me parece que me estoy arrepintiendo de haber cerrado el
trato. No me conviene...
Advirtió
él, provocando que ella lo mirara.
Viqui
entendía lo que trataba de decirle. Su novio quería llegar a un acuerdo con
aquel y convertirlo en su socio, algo que hasta ahora le había costado. Así que
necesitaba convencerlo para que recapacitara. Y ella tenía la oportunidad de
contribuir en esa tarea. Después de todo, si al boludo de su marido le iba bien,
el mes entrante podrían viajar a Estados Unidos o a algún lugar similar.
Así decidió
negociar:
- Qué
querés?
Preguntó
ella, mirándolo desafiante.
- Ya sabes
lo que quiero. Quiero echarte un polvo.
-Bueno.
Vamos a coordinar para encontrarnos en la semana y vemos...
- Ahora
quiero.
Dijo él,
determinante, acercándose y parándose frente a ella.
La rubia
alzó la vista para mirarlo a los ojos, porque prácticamente tenía su bulto a la
altura de la cara.
- Ahora no!
Mi novio se está bañando y puede aparecer en cualquier momento!
Reclamó
ella, con la voz cargada de histeria. Pero él no la escuchaba, relamiéndose por
lo que venía.
- Entonces
me lo vas a tener que hacer rápido.
Anunció,
desabrochándose el cinturón y bajpandose el cierre, sin sacarle los ojos de encima.
La rubia se
indignó aún más, abriendo la boca para seguir reclamándole. Pero el viejo no
quería escucharla, sacando su chota dura y acercándose aún más a ella.
La agarró
de la cabeza y le metió su miembro en la boca. La rubia no se resistió mucho más,
dejando que él empezara a moverse hacia delante y atrás, cogiéndose su boquita.
- Ah! Sos
toda una putita...
Gimió el
viejo, mirando al techo mientras disfrutaba de lo que le hacía a la novia de su
socio. La minuza, con el entrecejo apretado, lo miraba mientras su glande
chocaba contra su garganta.
La mano del
viejo bajó y dejó al descubierto una goma de Viqui, acariciándola con fuerza.
Ella dejó
que se lo hiciera, a pesar de que no lo disfrutaba. Entonces el viejo la soltó
y ella siguió chupándosela, mirándolo a los ojos, con gesto de ofendida.
- Sin
manos!
Le ordenó
él, así que ella obedeció y chupó su glande apoyando sus manos en las piernas
de él, mientras cabeceaba hacia delante y atrás, ante la atenta mirada del
agasajado.
- Naciste
para ser puta.
Reconoció
él, viendo cómo los labios de ella rodeaban su tronco y se lo engullía, antes
de dejarlo libre para pasarle la lengua desde la base hasta la punta, antes de
hacerlo desaparecer de nuevo en su boquita.
Entonces la
rubia lo empezó a pajear, para que acabara antes de que su novio los
descubriera. Con sus dedos finos y delicados, rodeo el venoso miembro,
deslizando su mano desde sus huevos hasta su glande, primero despacio y luego
acelerando el ritmo. Para completar el cuadro, apoyaba sus labios en la punta
de su verga, a la espera del semen que aquel pudiera disparar en su boca.
Pero el
viejo todavía no quería acabar, no antes de darse un gusto.
Sin pedirle
permiso, desnudó el pecho de ella, dejando sus tetas a la vista y las juntó
para meter su pija entre ellas.
- Haceme
una turca.
Le pidió,
caliente como estaba.
Viqui juntó
sus gomas, apretándola bien entre sí y él metió su chota entre ellas,
asomándose apenas en medio de ambas.
La rubia
sostuvo sus tetas de cada lado, impidiendo que la pija que estaba aprisionada
se escapara. Mientras que él la agarraba de los hombros, moviendo su pelvis
hacia delante y atrás, como si se cogiera sus pechos o mejor dicho, pajeándose
con ambos.
Era una
hermosa sensación sentir esas tetas duras apretándolo, rozando su piel y
recibiendo sus violentas embestidas.
Ella
escupió el glande para facilitar su deslizamiento, lubricándolo con su saliva.
- Sacá la
lengua, puta.
Extasiado, apenas pudiendo hablar ante el delirio de placer al que estaba sometido. Ella obedeció y él se movió más rápido aún, haciendo que la cabeza de su pija rozara la lenguita rosada del gatito rubio.
El viejo se
pajeó un poco más con esas tetas jóvenes, mirando a su dueña a los ojos y el
roce con esa lenguita le provocó una explosión.
Un
escupitajo blanco salió expulsado hacia la lengua de Viqui, que demostró haber
sentido el sabor del semen que había aterrizado en ella, recogiendo la lengua
en su boca. Sin embargo, volvió a sacarla nuevamente, aunque sin rastros de
líquido seminal en ella, denotando que se lo había tragado.
Otra
descarga siguió a la primera, yendo a parar de vuelta a su lenguita, pero
también a su estilizado mentón y a la comisura de su boca.
El viejo
gimió tras esa descarga, pegando fuertes empujones para permitir que su leche
saliera expulsada hacia ella.
Una última descarga dibujó una línea blanca en el cuello de cisne de la modelito, empezando luego a deslizarse en gotas hacia sus tetas.
El hombre
dejó de moverse, soltándola y permitiendo que ella siguiera pajeándolo hasta
que la última gota hubiera brotado de él. Viqui miraba con atención el glande
para limpiarlo lo mejor posible. Pero el viejo tenía otros planes.
Agarró su
miembro y se lo metió en la boca, obligándola a que succionara y le terminara
de limpiar su fluido seminal.
Viqui se la
chupó, tragándose todo liquido que hubo sentido en su boca, siendo soltada
finalmente por el viejo, que había quedado exhausto.
- Muchas
gracias. Esa boca te va abrir muchas puertas.
Reconoció
él, que cayó sentado en una silla porque las piernas ya no le respondían.
La rubia lo
ignoró, yendo a buscar nuevamente el papel de manos para limpiarse la cara y
las tetas.
Y había
terminado de cubrirse el pecho cuando su novio salió de la ducha, ya cambiado y
listo para salir.
- Perdón
por hacerte esperar. Espero que no te hayas aburrido!
Le comentó
el boludo.
- No. Tu
mujer me entretuvo un poco...
Bromeó su
socio y ambos rieron.
Entonces, el
novio de la rubia fue a despedirse de ella y le dijo que dejaba el auto porque
su amigo lo llevaba.
Y sin
alargarla más, ambos masculinos se fueron a seguir de joda por la noche
porteña, dejando a su esposa trofeo en la casa.
Viqui no se
quejó, prefería que él hiciera la suya a tener que fumarse a los pajeros de sus
amigos, que buscabas cualquier excusa para rozarla, tocarla e incluso apoyarla.
Y siempre mirándole el culo y las tetas, cosa que no era culpa de ellos porque
ella misma iba vestida para provocarlos.
Se sentía
un poco indignada por lo sucedido en la última hora, por lo que decidió
despejarse yéndose ella a dar una vuelta por la ciudad, para sacarse el
malhumor.
Entonces
agarró las llaves del auto de su marido y se fue al estacionamiento a buscarlo.
Por lo
general él no le permitía usarlo, porque era un auto de alta gama y tenía miedo
que ella lo chocara y tener que pagar el coste del mismo.
Sin
embargo, él no estaba ahí y ella se quería dar un gusto.
Así que sin
pedir permiso, salió a dar unas vueltas con el auto.
Pasó la
noche con algunas amigas en un bar, tomando hasta que llegó la hora de irse.
El problema
es que estaba llegando al edificio donde vivía cuando hizo una mala maniobra y
le hizo una abolladura en la chapa al auto.
No era muy
grande pero se notaba y si su novio se daba cuenta que había usado su auto sin
su permiso, encontraría la manera de castigarla, seguramente sin regalarle sus
caprichos.
Viqui,
medio atontada por todo lo que había tomado, pensó con rapidez y resolvió
llevar el vehículo al taller mecánico 24 hs que quedaba cerca de allí.
Durante el
camino, rogaba que estuviera abierto y la atendieran.
Llegó y al
meter el auto, un tipo delgado y demacrado salió a recibirla. Estaba fumando y
por su actitud, parecía estar desocupado.
La rubia
estacionó y salió del auto, un poco mareada todavía por el alcohol. Y el flaco
la recorrió con la mirada, sin poder creer el monumento de mujer que tenía
delante.
Ella, toda
delicada y felina, se acercó a hablar con el hombre, que visiblemente tenía más
años que ella.
Disimulando
su ebriedad, le explicó la urgencia de su problema.
El hombre
revisó la abolladura y le dijo que podría hacerlo, teniéndolo listo en un par
de horas.
El problema
era que tenía otros trabajos por delante e iba a tener que esperar.
Viqui le
rogó que lo reconsiderase, que le pagaría el doble de lo que correspondía, pero
a él no le interesaba el dinero.
Ya cuando
la vio tuvo ganas de pegarle una cogida y cuando notó su borrachera, creyó que
podría sacar ventaja. Y ya cuando escuchó su problema, improvisó un plan que lo
llevara al resultado que quería.
- Tiene que
haber alguna forma de ayudarme!
Le imploró
ella.
- Es que
hay otros que tiene turno antes que usted. Y son de mayor urgencia.
La rubia,
al escuchar eso, sintió que la angustia la invadía. Entonces, decidió usar sus
trucos gatunos.
- Hay
alguna forma que pueda convencerlo?
Preguntó,
mientras con un dedo acariciaba la profunda línea que separa sus pechos y que
aquel hombre no pudo evitar mirar, sintiendo que su miembro se endurecía. Y la
minuza pudo notar cómo la entrepierna de su mameluco se inflaba gradualmente,
considerándolo una reacción a su provocación.
- No puedo,
rubia. Mi jefe no está y si llega a venir y ve que pierdo tiempo con otro
pedido, me va armar quilombo!
- Dale,
amor. Hacelo por mí...
Le pidió
ella, con vos de gatita en celo y juntando sus codos en el ombligo, haciendo que
sus tetas se apretaran y quedan más grandes.
- Y yo qué
gano?
- Toda mi
gratitud...
Le
respondió ella, llevándose un dedo a los labios. Él la miró con ganas de
tirarsele encima, se acomodó la verdad que amenazaba con perforar el pantalón y
le sugirió:
- Si me das
un adelanto de esa gratitud, puedo trabajar rápido y devolverte el auto antes
de que en tu casa se enteren de que lo chocaste. Pero vas a tener que decidir
rápido antes que llegue mi jefe.
Ella, en su estado de ebriedad, no pudo pensar con claridad, así que decidió resolver aquello lo antes posible.
- Te hago
una paja y cerramos trato.
- Un pete.
O no hay trato.
Subió la
apuesta el mecánico, que ya saboreaba el gatito que se iba a comer.
Ella quiso objetar,
pero él ya la agarraba de la cintura y le acercaba la cara para besarla. Viqui
sintió su aliento a pucho y le corrió la cara, así que él se conformó con
besarle y lamerle el cuello, recorriendo el camino hacia sus tetas.
Y sin pedir
permiso, liberó sus tetas del escote, apretándolas con sus manos antes de
chuparle los pezones. Mientras tanto, ella empezaba a amasarle el bulto por
encima del mameluco.
Él,
sintiendo la deliciosa paja que ella le hacia y con miedo de acabar antes de
poder disfrutar de su peteada, procedió a bajarse el cierre del enterizo,
bajándoselo para que ella pudiera maniobrar mejor.
Su verga
rebotó al ser liberada, quedando como un obelisco apuntando al ombligo de ella.
Si Viqui
tuviera que admitir algo era que aquel mecánico la tenía muy gruesa y un poco
larga. Lo que le daba asquito eran los pelos alrededor de la base.
Entonces,
se escupió la mano y empezó a pajearlo.
El hombre,
hundido entre sus tetas, gimió de placer. Si había algo en lo que era experta,
era en masturbar hombres.
- Qué
cogida te pegaría rubia puta!
Le dijo él,
mirándola a la cara. Ella no respondió, solamente lo miró y después le escupió
el glande, para lubricarlo un poco más.
El hombre,
que ya había aguantado bastante la previa, la agarró de la cabeza y la empujó
para abajo, obligándola a arrodillarse. La rubia apenas se resistió, cayendo de
rodillas frente a la verga del mecánico. Y este, agarrando su miembro por la
base como si fuera un garrote, y con la otra el pelo de Viqui, le metió la
chota en la boquita de ella.
El gatito
recibió el pedazo abriendo los labios y succionando su glande. Tenía apuro así
que quiso abreviar pegando unas buenas cabeceadas, con movimientos cortitos que
aceleraban su ritmo.
El mecánico
miró al cielo primero y luego a la rubia, que vigilaba sus gestos para
sacársela de la boca antes de que se la llenara de semen.
Sin
embargo, él se la sacó y le pegó con la pija en la cara. La mina sintió los
garrotazos y luego volvió a pasarle la lengua lo largo del tronco, hasta llegar
a la punta para engullirse su cabezona. Y una vez allí, volvió a cabecear
rápido para obligarlo a acabar.
A él ya le
temblaban las piernas y la vena de su verga ya se estaba poniendo gruesa, señal
de que se preparaba para descargar.
Sin embargo,
estaban en el mejor momento cuando la puerta del fondo se abrió y por ella
apareció otro hombre. Era el jefe de aquel flaco. Y a diferencia de este, era
más bajo y panzón, con una pinta de camionero indescriptible. De por sí ya
tenía cara de pocos amigos, que se potenció al descubrir lo que hacía su
empleado cuando él no estaba.
- Otra vez
trayendo putas al taller!
Le gritó,
acercándose con rapidez mientras el aludido trataba de subirse el pantalón,
unos segundos antes de terminar.
Viqui,
todavía de rodillas, no supo qué actitud adoptar.
El gordo,
viendo lo buena que estaba la rubia, la agarró de un brazo y la levantó del
suelo, mientras ella se tapaba las tetas con las manos, quedando entre los dos
hombres.
- Y esta
trola quién es? Te estás patinando la guita en gatos caros?
Le reclamó,
viendo la sofisticación de la mina. Ella no alcanzó a defenderse porque el
mecánico flaco la interrumpió.
- No es un
gato! Es una clienta. Lo que pasa es que estábamos llegando a un acuerdo...
Y le
explicó el problema que aquella tenía y lo que había llevado a que la situación
terminara así.
- Tenés
laburo por delante. Y estas cogiendo en vez de adelantar! Dejame que yo me
encargue de ella y vos seguí trabajando!
Le ordenó
sin escucharlo, todavía agarrando del brazo a la mujer y sin dejar de mirarle
el hermoso culo que tiene ella.
- Mi trato
es con él.
Se atajó
Viqui, aunque él la contradijo:
- Yo soy el
dueño de este taller. Así que deberías negociar conmigo...
Ella tragó
saliva y antes que pudiera agregar algo, él ya enfatizaba:
- Y estás
soñando si crees que me voy a conformar con un pete no más.
Y sin pedir
permiso, le dio un sonoro chirlo en la cola.
- Y si no
quiero qué?
- Te podés
llevar tu auto como lo trajiste. Tal vez tu noviecito no se dé cuenta del
golpe. Pero si llamo a la policía y denuncio que estás manejando borracha, te
vas a comer una multa o tal vez algo más...
La
chantajeó el gordo, acomodándose el miembro en el jean, que imploraba por salir
ya.
Viqui no
supo si fue por el alcohol o por la forma de imponerse de aquel hombre, o
porque estaba cansada por discutir, pero lo que si supo es que un minuto
después, el gordo estaba saboreando sus tetas.
El tipo era
más petizo que ella y gordo, y la trataba sin delicadez, con mucha fuerza.
Entonces él
la empujó contra el auto y le empezó a bajar el cierre del shortcito, sin que
ella se resistiera, dejándolo proceder y apenas apoyando sus manitos en los
hombros de él.
El gordo la
agarró por la cintura y la dio vuelta, quedando de espaldas a él, arrodillándose luego y bajándole el shortcito, quedando al descubierto sus cachetes firmes y
redondos. El hombre le corrió la tanguita azul y hundió su cara en ese culito
deseado por todos.
Viqui gimió
al sentir la lengua del mecánico lamiendo sus labios vaginales, mientras sus
dedos gruesos le apretaban las nalgas con fuerza.
Mientras
tanto, su empleado se había quedado cerca, pajeándose ante esa imagen.
Viqui,
borracha como estaba, se limitó a disfrutar de lo que esos hombres le hicieran
sin su permiso, sin resistirse siquiera.
Entonces el
gordo consideró que ya estaba bastante lubricada, así que pensó que era hora de
penetrarla. Así que, sacando su miembro, que era grueso pero más corto que el
de su empleado, lo apoyó en la entrada de la vagina de Viqui, empujándola
despacito hacia adentro.
Cuando ella
lo sintió dentro suyo, gimió de placer. Sentirse así sometida la calentaba
mucho. Y encima, cuando el gordo retrocedió y volvió empujarla, sintió que sus
piernas le temblaban, algo poco común en ella.
El hombre
la agarró de la cintura y se la empezó a coger con violencia, estrellando
contra ella su pelvis en un movimiento continuo, mientras ella apoyaba sus
manos en el capó del auto.
Solamente
el sonido del choque se escuchaba, mezclado con los jadeos de los hombres al
estimular sus miembros, uno dentro de la modelito y otro con sus propias manos.
El dueño del
taller se la culeó un rato más de parado, pero luego tuvo que parar un poco o
se arriesgaba a acabar rápido.
Separándose
de ella, retrocedió un paso antes de ordenarle:
-
Arrodillate y chupamela.
Ella se
apuró a obedecer, y con mucha elegancia, se puso de rodillas y se metió la
verga de aquel desconocido en la boca, mirándolo a los ojos, desafiante. Él
festejó aquello, sosteniéndole la mirada, aunque sin disimular el placer que le
causaba aquello.
Entonces,
después de aquel recreo, la ayudó a levantarse y la agarró de la cintura,
ayudándola a subirse al capó del auto, en donde la sentó. Una vez ahí, le sacó
la tanga y la abrió de piernas, acomodándola para que quedara a la altura de su
verga. Y una vez así, la volvió a penetrar.
No fue nada
delicado, entró y salió con rusticidad, estampándole feroces embestidas que la
hicieron soltar gritos sofocados. El gordo, agarrándola por ambas piernas, le
chupaba las tetas, mientras ella le aferraba las muñecas, con los ojos cerrados
para no ver al sujeto que la sometía.
Se
escuchaban los violentos aplausos acelerados provocados por el estrellar de
ambas pelvis, mezclados con las puteadas que el tipo le profería a la modelito.
Y todo esto
era presenciado por el flaco, que no dejaba de pajearse mirando a la rubia.
En un
momento, su jefe le cerró las piernas al gatito, acomodándola de costado sobre
el capó del vehículo, obligándola a que saque cola para darsela en esa
posición. Y el flaco, aprovechando que la trolita había quedado de costado, con
las tetas redondas y firmes muy apretadas, se acercó y se las manoseó, sin
dejar de masturbarse.
Se la
quería coger en cuanto su jefe terminara con ella, que era algo que podía pasar
en cualquier momento.
El gordo,
que aferraba a Viqui por una pierna y con la otra mano le agarraba el culo,
notó que la descarga venía en camino. Un espasmo lo sacudió, sintiendo que sus
fluidos seminales ya recorrían por el interior de su miembro.
Justo en
ese momento hizo contacto visual con ella, y su carita lastimosa con la boquita
abierta, fue suficiente para que lo hicieran decidirse en un segundo.
Retrocediendo
un paso, la agarró a ella por una muñeca y sin decirle una palabra, la bajó del
auto y ella, como entendiendo lo que pasaba, accedió, cayendo de rodillas
delante del mecánico.
Él, al
tenerla de rodillas delante, le metió la verga entre los labios, masturbándose
salvajemente. No tardó mucho en sentir una descarga eléctrica en su miembro. En
medio de estremecimientos de placer, su chota disparó un potente chorro de
leche en la boquita de la mina, sin que él dejara de pajearse y gemir. Ella lo
miraba mientras él le acababa en la boca, con una mano sobre la rubia cabellera
suya.
Luego de
descargarle la última gota, él dio algunos pasos hacia atrás, exhausto por la
tarea, mientras ella trataba de escupir el fluido que le había quedado en la
boca. Sin embargo, estaba por hacer esto cuando, de improviso, el flaco se
acercó con prisa a ella. Y en un segundo, se le paró al lado con su verga
grande apuntando a su cara.
Y antes que
pudiera evitarlo o decir algo, él le escupía potentes chorros de semen en el
rostro. Viqui trató de esquivarlo, pero él la aferró de la cabeza y no pudo
zafarse, quedando en el camino de sus descargas. El flaco gimió con ganas,
acompañando su venida sobre la rubia.
Una vez que
ya se hubo descargado, también retrocedió, para ver el resultado de su labor.
Viqui tenía
toda la carita salpicada de fluido seminal, que chorreaban por ella hasta
caerle en las tetas, mientras ambos hombres sonreían y se felicitaban por el
resultado.
Ella ardía
de furia y de vergüenza, sintiendo en lo profundo de su ser que ese había sido
su castigo por haber desobedecido a su novio cuando le dijo que no le usara el
auto.
Los
hombres, ya relajados y recuperados, se vestían a la vez que decían:
- Bueno, ya
nos divertimos. Ahora es hora de laburar...
Y se
pusieron a cumplir su parte del trato, dejando a la rubia que se repusiera de
la cogida que le había pegado el mecánico.
Todo su
contenido sin censura lo pueden encontrar en:


































