Además, su cuerpo adolescente siempre fue
deseado por los hombres, algo que ella notaba en los ojos de ellos cuando la
miraban. Así que usaba eso en su beneficio.
Una vez, cuando terminó la escuela, usó esa
ventaja para aprovecharse de un hombre.
Ella quería anotarse en la escuela de modelos
pero su familia primero quería que aprobara todas las materias.
Pero Valen había desaprobado algunas materias
y las tenía que recuperar en diciembre.
El problema surgió cuando fue a averiguar
cuáles tenía que recuperar y descubrió que, por culpa de sus constantes
ausencias en clases, había quedado libre, o sea, que tenía que rendir todas las
materias libres a fin de año, lo que significaba que se iba a perder el verano
estudiando.
Entonces decidió ir a hablar con el preceptor,
que era el que tomaba lista, a ver si podía justificar alguna falta para que no
se la contaran.
En esa época del año hay muy pocos alumnos,
concurriendo solamente los que tienen que recuperar. Además, la pendeja fue al
horario después del mediodía, cuando muchos profesores se fueron a sus casas o
a otras escuelas.
Valen fue hasta la oficina del preceptor, que
estaba al fondo de un pasillo, apartado de las aulas.
La piba llamó a la puerta y el preceptor la
dejó entrar. Este era un hombre de mediana edad, casado y con hijos pequeños.
Tenía mucho trabajo así que estaba muy ocupado.
Pero cuando la vio entrar a Valen, dejó todo
de lado para prestarle atención.
Era ya veranito así que ella se había venido
con un short pequeño y una remera media suelta. Además, durante todo el año se
había dedicado a calentar a los profesores con sus insinuaciones y con su
cuerpo. Y ellos habían tenido que ignorarla por se alumna y por su edad. Pero
como ahora había cumplido los 18, ya podía mirarla con otros ojos.
Así que su preceptor se tomó un recreito del trabajo para darle la atención que ella necesitaba.
La pendeja
le explicó su situación y cuál era su problema. Pero el preceptor no podía
hacer nada, porque aunque justificara algunas faltas, todavía le faltaría
algunas más para no perder la regularidad.
Ella le
rogó que encontrar alguna manera para ayudarla, pero él, firme en su decisión,
se negó. Y para que ella entendiera mejor, le mostró el cuaderno donde se
anotan las asistencias.
Valen se
inclinó en la mesa, fingiendo ver sus faltas, echando la colita hacia atrás
para que el preceptor pudiera apreciarlo mejor. El hombre, que estaba parado al
lado de ella, no le sacó los ojos de encima, viendo cómo el shorcito amenazaba
con romper sus costuras en el esfuerzo de retener tanto culo. Encima, la
pequeña tanga de la rubia se le dibujaba en la tela de jean, marcándosele bien
visible.
Ella
suspiró, pero sin cambiar la postura, moviendo entonces sus caderas de un lado
a otro como cascabel.
La verga se
le puso dura al preceptor, notándosele en la tela del pantalón, deseando ser
liberada. Entonces el hombre fingió mostrarle algo a ella en el cuaderno que
justificara su avance sobre ella. Y al hacerlo, le apoyó todo el tronco duro
sobre un cachete de la cola, y como vio que ella no se quejó, la empujó sin
disimulo, apretando el miembro contra la pendeja.
Ella sintió
su pija apoyándola, empujando hacia atrás su colita como respuesta. El
preceptor tembló de placer y un gemido se escapó de su boca.
Entonces
Valen giró la cara para mirarlo a los ojos, preguntándole con picardía en tono
de nena malcriada:
- Qué puedo
hacer para que perdone algunas faltas?
- No puedo
hacer nada. Va en contra del reglamento y me puede traer problemas si me
descubren.
- Por
favor! Hago lo que me pida!
Y para
demostración, movió su cintura de un lado a otro, frotándole los cachetes en la
chota dura.
- Me
gustaría ayudarte. Pero no debería... Además yo qué gano?
- Si me
borrás algunas faltas, me voy a portar muy bien con vos.
Y para
probar que hablaba en serio, lo empujó con la cola para que se apartara de
ella, enderezándose y dándose vuelta, mirándolo a los ojos al agarrarlo por la
corbata y tirando de ella para aprisionarlo contra la mesa en la que antes
estaba apoyada.
Él se dejó dominar así porque ya no podía pensar. Ella se puso frente a él, a pesar de que apenas le llegaba al pecho, y lo miró con sus ojitos verdes, sonriendo con malicia.
A la vez, empezó a pajearlo por encima del
pantalón, frotando su verga dura con sus manitos delicadas.
- Si me
ayudás, puedo ser muy agradecida...
- No puedo,
Valen...
Le dijo él,
apenas pudiendo hablar, temblando extaciado.
Ella,
dispuesta a conseguir lo que había venido a buscar, le bajó el cierre del
pantalón, metiendo sus dedos dentro y aferrando su miembro con firmeza,
sacándolo afuera y dejándolo a la vista. Él no se resistió, la dejó actuar,
sometiéndose a su voluntad.
- Soy capaz
de lo que sea con tal que me des lo que necesito.
Le dijo,
rodeando con sus finos dedos la gruesa pija de su preceptor, recorriendo
lentamente todo su largo con suaves movimientos, desde la base hasta la punta,
masturbándolo con destreza.
- Aunque te
perdone las faltas, igual vas a tener que rendir matemática, que la tenés
directamente para febrero...
- Ya lo voy
a solucionar eso.
Dijo,
acelerando el ritmo de la paja, mordiéndose los labios mientras le sostenía la
mirada al tembloso hombro.
- Entonces
tenemos un trato? Vos me perdonás algunas faltas y yo dejo que me descargues en
la boca...
El
preceptor, con la boca abierta y estremeciéndose de placer, miró los ojos
verdes de ella, que disfrutaba de la expresión en su rostro y de lo que estaba
consiguiendo.
El hombre,
al escuchar su oferta, ya no pudo resistirse más, exclamando sin contenerse:
Fue lo
único que pudo decir. Ella, entonces, sonrió satisfecha y, lentamente, empezó a
agacharse delante de él, cayendo de rodillas y quedando su carita angelical a
la altura de su miembro erecto.
Unas gotas
preseminales ya se asomaban de la punta de su glande, como lágrimas queriendo
escapar.
- Si
alguien se entera de esto me van a matar. Y me van a echar.
Le dijo él
preocupado mirando los ojitos de ellas.
- Nadie se
va a enterar. Va ser nuestro secreto.
Y sin dejar
de mirarlo a los ojos, le pasó la lengua por la cabeza de la chota, recibiendo
en su lengua su fluido, antes de rodear con sus labios la punta del miembro.
El preceptor gimió de placer, alzando la cara al cielo y agradeciendo por aquel regalo, volviendo a verla cómo le sonreía, divertida.
- Sos una
puta!
Le dijo él,
apenas pudiendo hablar y estremeciéndose.
Ella se
rio, sintiéndose halagada.
Él sabía
que a pesar de ser tan trola aquella pendeja, muy pocos se podían confesar que
se la habían cogido.
Era la más
deseada del salón y la más calienta pijas. Y disfrutaba de serlo. Tendría que
sentirse afortunado, porque ahora la tenía ahí, arrodillada delante suyo, con
su verga dura entrando y saliendo de su boquita adolescente.
Ella
adivinó lo que él estaba pensando, sonriendo por eso, sin sacarle los ojos de
encima.
Lo hombres
habían sido para ella lo más difícil de manejar, siempre dándole lo que deseaban
si ella sabía negociar.
En la oficina solo se sentía el silencio,
interrumpidos por los ruiditos provocados por los chuponeos de ella, que
recorría con su boca todo el largo del pene del hombre.
- Te gusta?
Le preguntó
ella, moviendo hacia delante y atrás la cabeza, haciéndole el mejor pete de
toda su vida.
Le dijo él
y al mismo tiempo, la agarró de la cabeza y empezó a hacer movimientos de
cadera hacia delante y atrás, cogiéndose su boquita. Valen gemía con cada
empujón, festejando lo que aquel hombre le hacía.
Si seguía
así, no iba a durar mucho más y ella pareció darse cuenta.
Así que
agarró su miembro y empezó a pajearlo, abriendo la boquita y sacando la
lenguita para recibir el chorro que él le escupiera.
- Dame la
lechita. Acabame en la boca, dale. Me la quiero tomar toda...
El hombre
entonces pensó que no iba aguantar más y cuando sentía que estaba por acabar,
algo pasó.
Primero se
escucharon unos pasos en el pasillo y después la puerta se abrió
sorpresivamente, apareciendo por ahí otro hombre, mucho más viejo y un poco más
gordo.
Habían sido
descubiertos...
Parte 2: Siendo compartida
- Qué están
haciendo?
Gritó el
viejo gordo y sus ojos como platos indicaban que estaban en problemas.
De todas
formas no habían tenido tiempo de nada. El preceptor tenía la verga afuera del
pantalón y la pendeja rubia arrodillada delante de él, con su boca
succionándole el miembro, imposible disimular o encontrar algún justificativo.
El
preceptor tartamudeó incoherencias, avergonzado y temeroso al ser descubierto
así.
Valen seguía arrodillada, sosteniendo el pene del hombre.
Sin embargo, el viejo, que era el profe de matemáticas, al darse cuenta quién era la rubia, no pudo evitar que un calor lujurioso recorriera su cuerpo. Era la primera vez que la veía así, como una trola. La pendeja se había encargado de calentarlo durante todo el año con insinuaciones, solamente para ponerlo nervioso delante de sus compañeritos.
Así que
ahora era su oportunidad de vengarse y exponerla.
-
Valentina! Qué estas haciendo!
Y la agarró
de un brazo y la levantó del piso. Ella se dejó porque la sabía que estaba
haciendo algo mal. Así que no supo qué decir.
- Y usted?
Cómo va hacer esto? No sabe que esta pendeja es bien puta? Tiene que resistir
la tentación!
Y mientras
decía esto, la sacudía del brazo, mirando al preceptor. Este estaba muy
avergonzado y asustado, sabiendo lo que podía pasar.
- No me
trate así! Yo no soy una puta!
Se defendió
ella, pareciendo ofendida. El profe la volvió a sacudir del brazo, diciéndole:
- Cállese!
Es tan puta que le va arruinar la vida a un hombre de conducta intachable! Y
todo para qué? Por una calentura?
- No! Para
que me perdone las faltas y no quedar libre!
- Ah y se
lo intercambiaba por favores sexuales? Eso hacen las trolas! Las putitas como
vos!
Le gritó el
hombre y ella tuvo guardó silencio porque no supo qué responderle, porque tenía
razón.
-Voy a
tener que notificar de esto al director. Y los dos me van a acompañar.
Valen se
enojó pero el preceptor entró en pánico. Apenas si pudo abalanzarse sobre él
para negociar.
- No!
Espere! Debe haber alguna forma de evitar esto!
-Qué?
Quiere que finja que no vi esto? Me quiere sobornar?
- Por
favor! Piénselo! Si me delata, me van a echar y me van arruinar la vida. Además
de las denuncias que pueda recibir. Debe haber algo que pueda hacer por
usted...
El profe lo
miró con severidad, reflexionando sobre lo que el preceptor le decía, sabiendo
que tenía razón. Tendrían que encontrar alguna manera que lo perjudicara a
ninguno.
El viejo,
que no estaba dispuesto a denunciarlo porque le caía bien, igual fingió que
estaba convencido en hacer lo correcto.
- Y yo qué
ganaría? Cómo pensas sobornarme?
Y luego de
expresar esto, fijó su mirada en Valen, que lo miraba ofendida todavía.
Ambos
hombres la miraron al mismo tiempo y ella entendió lo que querían.
-No! Ni en
pedo!
Se atajó,
soltándose del brazo que todavía le sostenía el viejo. Este se enojó, pero no
dijo nada, solamente miró al preceptor, que entendió que si quería librarse de
eso, la tenía que convencer.
- Valen!
Por favor! Me vas a hundir! Y sabes que vos también estas en problemas. Porque
te pueden echar. Y más si descubren que no te obligué.
Ella lo
miró, enojada, lanzando fuego por los ojos.
-No se la
voy a chupar! Me da asco!
- Valen!
Pensá! Si te portas bien con él... también puede hacerte aprobar la materia. No
tendrías que presentarte en todo el verano!
Ella reflexionó sobre esto y entendió que era buen negocio. Podía matar dos pájaros de un tiro.
Entonces lo
miró al viejo y le preguntó:
- Es cierto?
- Por
supuesto! Si te portás bien vas a tener lo que pidas...
Ella,
entonces, de mala gana aceptó. Pero se estaba por arrodillar cuando el profe la
frenó.
- No,
pendeja. Si queres aprobar me vas a tener que dar algo más que una chupada...
Valen lo
miró, enojada. Y estaba por echarse para atrás cuando él la convenció.
- Pensa que
dentro de un rato podes irte de acá con la materia aprobada. Y sin tener que
volver en todo el verano. O también te podes ir expulsada. Es tu decisión.
Entonces la
rubia se dio cuenta que tenía que colaborar si quería conseguir lo que había
venido a buscar.
- Qué
quiere entonces?
-Quiero
pegarte una buena cogida.
Y tras
decir esto, le agarró los cachetes del culo, apretándolos con fuerza entre sus
manos. Y después le dio un sonoro chirlo, mientras le decía:
- Todo el
año moviste este culito delante de mí. Es hora que me tome revancha.
Y avanzó
para besarla pero ella le corrió la cara. Él no se desanimó y en vez de eso, le
desabrochó el shorcito de jean, dejándoselo flojo para bajárselo. Entonces la
hizo girar para que le dé la espalda, empujándola contra el preceptor, a la vez
que que se arrodillaba para bajarle shorcito, quedando su cara de frente a sus jóvenes
nalgas blancas y firmes, bien ejercitadas. Llevaba una tanguita blanca, que el
viejo corrió a un costado para comer hundir su cara entre esos cachetes,
lamiendo sus labios vaginales.
Valen,
apoyada en el preceptor, gimió de placer. Mientras tanto, este último observaba
la escena en silencio, sintiendo como su verga se iba poniendo dura de nuevo.
Entonces el
preceptor se apoyó en la mesa para no perder el equilibrio, mientras la pendeja
se apoyaba en él, teniéndola a ella frente a él. La rubia lo miraba con sus
ojos verdes y la boquita abierta, de donde se escapaban suspiros de placer.
El hombre
no se pudo resistir y la besó, y sintió como ella volvía a aferrar su miembro
con fuerza, empezando a pajearlo de vuelta.
Se besaron
con ganas, el preceptor comiéndole bien los labios, mientras que ella aceleraba
el ritmo de su masturbación.
Entonces el profe, ya saciado de comerse la conchita rosada de la pendeja, decidió penetrarla. Le separó los cachetes y colocó su miembro gordo y duro en la entrada de su vagina, empezando gradualmente introducirsela.
Valen lo
sintió y para distraerse, se metió la verga del preceptor en la boca,
comenzando a subir y bajar suavemente. A su vez, el hombre iba acompañando su
movimiento con su mano apoyada en la cabellera rubia de ella.
Entonces el
profe empezó a empujarla, anunciando que empezaba a cogérsela. Valen gimió al
sentir al hombre entrar y salir de adentro suyo, cerrando los ojitos para no
pensar en eso.
-Qué buena
que estás pendeja! Siempre quise cogerme una modelito!
Y siguió
dándole sin piedad, aferrándola de la cintura y de un hombro.
El preceptor
entonces la ayudó a sacarse la remera, dejandola en corpiño, que el profe desprendió para dejarla en tetas.
Entonces
uno le frotó una y el otro le aferró la otra.
Sin
embargo, aquello era demasiado para el profe, que dio muestra que estaba por
acabar, sacándola para evitarlo. Pero después quiso volver a metérsela, aunque
esta vez por el culito.
- No, por
la cola no!
Se negó
ella. El profe sonrió. Lo calentaba cuando ella se enojaba.
- No querés
que te rompa el culito, pendeja?
Le preguntó
y volvió a penetrarla por la vagina. Ella le iba a contestar, pero el preceptor
la interrumpió:
- Dale,
putita. Chupamela...
Y mientra
le decía esto, empujaba su cabeza hacia abajo para que su miembro entrara en la
boquita suya. Así que Valen siguió succionándola, ahora más rápido para
obligarlo a acabar. Esto provocó que él gimiera y empezara a temblar, algo que
fue notado por el viejo, que se calentó con esta escena, al punto de querer
eyacular él también.
Entonces,
aceleró su ritmo y pudo sentir cómo clímax llegaba.
Y así fue
que empujándola tan profundo como pudo dentro de la vagina de la adolescente,
explotó como un volcán, sintiendo cómo la descarga se producía dentro de esa
pendeja que durante todo el año le dejó la verga dura. Entonces, retrocedió un
poco para darle otro fuerte empujón, acompañando una segunda descarga con aquel
movimiento, luego dio algunos empujones más para permitir que las últimas
pequeñas descargas de semen salieran de su verga y fueran a depositarse bien
hondo dentro de la joven.
Valen sintió
lo que su profe le hacía, y se estaba por incorporar para evitarlo, cuando el
preceptor (caliente por la escena presenciada) anuncio que estaba por acabar.
La pendeja, que no quería que su semen le manchara el pelo ni la cara, se lo metió en seguida en la boca, sintiendo cómo aquel hombre explotaba en su boca.
Un fuerte
chorro caliente salió de la punta de su verga, siendo recibida en la garganta
de Valen, que succionó un poco para que saliera el resto. Entones, otra
escupida salió de su preceptor, que se estremecía con cada eyaculación,
empujando la cabeza rubia de Valen para que no se la sacara de la boca.
La pendeja
acompañaba sus chupadas con una buena paja, para que toda la leche de aquel
hombre llenara su boca. Cuando sintió que ya no le quedaba más fluido por
exprimir, se tragó lo que tenía en la boca, mientras se levantaba para mirar a
los ojos al preceptor, que todavía temblaba de placer y que se había quedado
con la boca abierta por tan buena atención.
- Te la
tragaste putita?
- Sí,
toda... Me tomé toda tu lechita... Es lo que querías?
Le preguntó
ella con suavidad, todavía acariciando su verga.
- Sí,
pendeja! Gracias, hija de mil puta! Gracias!
Respondió
el hombre, apenas pudiendo hablar.
Ella le
sonrió con picardía, sabiendo el poder que tenía sobre los hombres.
De tanto disfrutar de lo que había conseguido, se había olvidado del viejo que todavía le aferraba el culo, dándole un chirlo que la hizo mirarlo.
La alegría
en su rostro anunciaba que también la había pasado como en el paraíso.
- Sos el
mejor polvo de mi vida! Ahora mismo busco tu legajo y te subo las notas! Ojalá
que se repita...
Ella lo
miró con repulsión y lo ignoró, agachándose para subirse el shorcito,
acomodándose la tanga entre los cachetes. Y después buscó el corpiño y su
remera y se lo puso, en silencio, mientras los hombres también se acomodaban la
ropa, sin dejar de mirar a la pendeja que le había cumplido una fantasía.
Valen se
terminó de arreglar y salió de la oficina y cuando cerró la puerta tras ella,
una sonrisa ocupó su rostro angelical.
Había
conseguido lo que había ido a buscar.
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