Ella es Luli, una pendeja rubia que le gusta mostrar el orto en instagram.
Tiene un buen culo y todo el barrio se la
quiere coger.
Esta pendeja estaba de novia con un flaco que
se la pasa laburando, asi que no está en todo el dia.
Y es por eso que la piba se aburre de estar
sola en la casa y a veces invita a distintos amigos, algunos de los cuales se
la garchan cuando no está su novio.
Varias veces el dueño del departamento vio
entrar y salir alguno, entre los que están los amigos del cornudo.
Pero se hacía el boludo porque no era su
asunto. Pero un día esa información le iba a servir de ventaja.
Como se ha mencionado, el protagonista de esta
historia es el dueño del departamento donde ellos alquilan, lugar que es pagado
por el novio de la pendeja puntualmente todos los meses.
Pero un día, el hombre estaba solo en su casa
porque su mujer se había ido hacer unos trámites, y aprovechó para ir a cobrar
el alquiler, que lo tenían atrasado una semana, a sabiendas que el cornudo no
estaba.
El casero es un tipo de 40 años y no es ningún
galán, pero estaba caliente con esa piba.
Así que fue a su departamento, que queda al
fondo de su casa, y le golpeó la puerta, saliendo ella a atender.
Entonces él le dijo que tenía que pagar el
alquiler.
- Hola,
Sergio. Mi novio viene a la noche y le alcanza la plata.
- Sí. Pero
yo no puedo esperar nena. Necesito la plata ahora. Además hace una semana que
están atrasados.
Le
respondió él.
- Sí, ya
sé. Pero si viene a la tarde, mi novio arregla con usted.
- No. Mirá
si no me pagás ahora, vas a tener que llamar un flete porque tengo gente
buscando alquiler.
- Y pero,
yo no tengo la plata, la tiene mi novio.
- Mirá
pendeja, o me pagás ahora, o le digo a tu novio de los amiguitos que vienen a
verte cuando él no está.
Ella se puso pálida y no supo qué decir.
- Pero no
tengo la plata, señor...
- Debe
haber otra manera en que podamos arreglar.
Le sugirió, levantando una ceja.
Ella lo miró y entendió lo que él quería.
Le preguntó, bajando la voz, con un poco de
timidez.
- Y mirá,
si vos me das lo que yo quiero, los puedo esperar una semana más.
Ella afirmó moviendo la cabeza, dejándolo
pasar a su departamento después.
El hombre entró y le miró el orto mientras ella
cerraba la puerta.
Tenía puesto un short muy chiquito, que le apretaba la manzanita y que amenazaba con explotar.
Luli se dio vuelta y se dio cuenta que le
estaba mirando el culo.
Sabiendo lo deseado que era esa parte de su
cuerpo, lo miró a los ojos y le preguntó:
- Entonces
¿Qué quiere hacer?
- Quiero
que me hagas lo mismo que le hacés a los amigos de tu novio.
Ella lo miró a los ojos y sin resistirse,
aceptó.
Entonces él la agarró del cuello y la
arrinconó contra la puerta.
Su mano era tan grande que sus dedos rodearon
todo el diámetro de su garganta.
Ya contra la puerta, le empezó a comer la
boca, devorando esos labios carnosos.
Mientras tanto, con la mano que tenía libre,
la puso en la cintura de ella primero.
Después, lentamente la fue llevando hasta su
cola, agarrando uno de sus cachetes y apretándolo entre sus dedos.
El casero saboreó su boca, sabiendo que en
unos minutos iba a ocuparla con su verga.
La piba besaba bien y con muchas ganas.
A su vez, con una mano ella le frotaba la pija
por encima de la tela del jogging. El tipo ya la tenía muy dura, así que al
contacto con ella, se puso a punto de explotar.
Mientras se besaban, ella le bajó el elástico
del pantalón y sacó su chota, que rebotó como un resorte al ser liberada.
Luli se separó de él y lo miró con sus ojitos,
mientras lo pajeaba como una profesional.
- ¿Le
gusta, señor?
Le preguntó con tono de putita.
El hombre no podía hablar, así que solamente
movió la cabeza afirmativamente.
Ella se pasó la lenguita por los labios, provocativamente,
y él no pudo aguantar más.
La agarró de la cabeza y de un hombro y la
empujó hacia abajo para que se agachara.
Ella cayó de rodillas, siguiendo pajeándolo
con la verga a la altura de su cara.
Su casero la miraba, esperando que cumpliera con
su parte.
Ella no le sacaba la vista de encima, hasta
que finalmente, sacó la lenguita y la empezó a pasar por la cabeza de la verga.
Y luego, lentamente se acercó y se la metió en
la boquita, rodeándola con sus labios carnosos.
El tipo soltó un suspiro largo cuando ella
cabeceó para metérsela más en la boca.
Aquel podía sentir sus movimientos mientras
retrocedía y avanzaba, y el ruido que provocaba su pija al entrar y salir de su
boquita, acompañados de chuponeos que lo hacían temblar, aunque estaba
petrificado de tanto placer.
Sus ojitos felinos lo miraban disfrutar y en
cierto momento le preguntó con cara de putita:
- Te gusta?
- Sí!
Apenas le
pudo contestar, y agarró su verga y se la metió de vuelta en la boca.
Agarrándola después por la cabeza y moviéndose hacia delante y hacia atrás para
cogerse esa boquita.
Pero tuvo
que parar porque lo iba hacer acabar sino.
-
Levantate.
Le ordenó y
la trolita obedeció, mirándolo y tratando de adivinar lo que venía
acontinuación.
Él no se lo
pidió, solamente la dio vuelta por la cintura y la empujó contra la pared. Su
culito juvenil y bien paradito lo esperaban debajo de ese apretado short. El
casero le pegó un sonoro chirlo y luego se arrodillo detrás de ella, bajándole
el pantaloncito y dejando a la vista esa colita blanca y firme. Una tanguita
negra se hundía entre los cachetes de la pendeja.
El hombre
acarició el borde de la tela y con un dedo la agarró y se la corrió a un
costado, dejando al descubierto su conchita jugosa. Sergio festejó aquella
visión y hundió su cara en ese culito, lamiendo sus gajos vaginales que ya lo
esperaban húmedos.
Luli gimió
al sentir su lengua acariciando su clítoris. Y era lo único que se podía
escuchar, los gemidos de ella y los lengüetazas experimentados del hombre, que
parecían querer beberse todo su néctar.
Pero, en
determinado momento, se puso de pie y apuntó con su miembro el orificio de la
adolescente, apoyando su glande en la entrada y empujándolo lentamente hacia
adentro. Ella, al sentirlo, giró su rostro para verlo a la cara, sin decirle
nada, solamente haciendo pucherito.
Finalmente
él entró en ella y ambos soltaron profundos suspiros de placer. Esto incentivó
al hombre a cogerla más fuerte.
Agarrándola
por la cinturita, le empezó a propinar feroces embestidas, haciéndola gemir con
cada empujón. Su verga entraba y salía de entre sus labios húmedos con ritmo
acelerado, oyéndose el sonido de sus nalgas chocando contra el cuerpo del
hombre que no dejaba de arremeter contra el frágil cuerpo de la pendeja.
- Sos una
puta! Siempre me quise coger tu culito hermoso pendeja...
-Sí, soy re
puta señor...
Gimió ella,
calentándolo para que acabara más rápido.
Pero el
tipo, para evitar esto, se la sacó a tiempo, calmándose el tiempo suficiente
antes de volver a ponérsela.
- Date
vuelta.
Le ordenó,
todavía agitado.
-Vení para
acá.
La llamó
hacia la mesa. La piba, sacándose el short, caminó moviendo la colita como una
gatita en celo, apoyando sus manitos en la mesa y parando la colita, esperando
que el hombre la penetrara.
- No. Date
vuelta que quiero verte a los ojos.
Ella
obedeció, encarándolo. Él la agarró de la cintura y levantó hasta sentarla en
la mesa, y sin ninguna delicadeza, la abrió de piernas, dejando al descubierto
su deliciosa conchita húmeda.
El casero
entonces apoyó su glande entre los labios de su vagina y se la metió de a
poquito, mirándola a la cara mientras se lo hacía, viendo cómo ella abría la
boca al sentir aquel hombre entrar dentro suyo.
Cuando por
fin chocó contra ella, dejó escapara un profundo suspiro, demostrando que había
disfrutado de aquella penetración. El hombre, extaciado por este gesto,
retrocedió y volvió a embestirla con brutalidad, empezando a tomar ritmo,
entrando y saliendo de ella una y otra vez.
Luli le
clavó la uñas en el brazo, de donde estaba aferrada mientras él la penetraba.
Su boquita carnosa dejaba escapar suspiros de placer y lo miraba con sus ojitos
verdes, pidiendo sin palabras que se la cogiera más fuerte.
- Me hacés
sentir una puta.
Le confesó
ella, disfrutando de las arremetidas del hombre que la había tomado como forma
de pago del alquiler.
Esa idea
pasó por su cabeza y lo calentó aún más, a punto de estallar.
Entonces
sintió que dentro suyo, sus fluidos comenzaban a recorrer el camino hacia el
exterior, fluyendo por dentro de su miembro en busca de la salida.
Así fue que
el casero, tomando envión, le asestó un fuerte empujón a la piba, dejándosela
clavada bien profundo mientras de su interior brotaba todo el líquido seminal
con la que llenaba el interior de la vagina de Luli.
- Acabo!
Gritó,
estremeciéndose de placer a la vez que repetía el movimiento para permitir que
una segunda descarga fuera a parar dentro de la chica.
La pendeja
abrió la boca, horrorizada y sorprendida, sin esperarse que aquel fuera el
desenlace. Pero no tuvo tiempo de reclamarle nada, porque él siguió moviéndose
rítmicamente hasta que escupió la última gota.
- Ah
pendeja! Sos una trola...
Y sacó su
miembro todavía erecta de adentro de ella, siendo acompañado este por un
líquido blanco que brotaba de sus labios vaginales. Ella se metió los dedos
para permitir que el resto saliera, indignada.
- Bueno.
Así sí vale la pena alquilarle a las putas con vos.
Dijo el
casero, subiéndose el cierre del pantalón y con una enorme sonrisa en el
rostro.
- Igual
todavía me deben este mes. Así que cuando tu novio venga decile que lo puedo
esperar hasta la semana que viene... O sino nos echamos otro polvo y se lo
postergo una semana más.
Luli lo
miró, furiosa, pero él no dejó de sonreír, yendo hacia la puerta y
despidiéndose:
- Hasta
luego pendeja. Muy buenos petes haces.
Y salió de
ahí, dejando a la Luli enojada y chorreando semen por sus piernas.
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