lunes, 28 de diciembre de 2020

Vicky Vazquez: La culona compartida por su novio


Para muchos de los presentes, esta culona no necesita presentación. Su cola es tan famosa que la reconocemos aunque no le veamos la cara. Para muchos es el único pan dulce que esperan para navidad y tenerla en cuatro, un privilegio de pocos.

Pero iba a llegar el día en que algunos pibes iban a poder acceder a ella, y todo gracias al nada egoísta de su novio, a quien debiera hacérsele un monumento si realizara esta actividad más a menudo y sin limitarse a su entorno.

Vicky, a pesar de ser una mina con un culazo muy grande y bastante linda de cara también, es sin embargo, una chica muy insegura de sí misma. Y debe ser por eso que, cuando el chico que le gustaba le dio bola, accedió a todos su caprichos.

Su nombre era Tomi y es un pibe muy fachero, y bien cheto, por lo que es muy codiciado por las minas, así que tenerla a ella en su colección es algo que se considera lógico. Sin embargo, el flaco es bastante exigente y tiene gustos peculiares.

Después de cogérsela de muchas maneras y en todas las posiciones imaginables, se empezó a aburrir de ella y empezó a explorar diversas variables para disfrutar con ella.

Un verano había organizado una fiesta en su casa quinta y los hechos que se sucedieron lo inspiraron para su próxima experiencia.

Esa vez, hubo bastante concurrencia y entre los invitados, se encontraban su mejor amigo, Mati; el mejor amigo de su novio, Nacho; su cuñado, Lucho; y el amigo de este último, Lean, a quien ella conocía de vista no más. Además de su novio, entre otras personas.

Ahí fue donde estos personajes se conocerían entre ellos y cuya reunión inspiraría una fantasía en Tomi. Quería verla a ella cogiendo con otro. La forma como la miraban con deseo y cómo querían poseerla hizo que quisiera ver lo que le harían si tuvieran la oportunidad de acceder a ella.

Entonces, esa misma semana fue preparando el terreno para convencerla.

Él estaba acostado en la cama viendo una peli cuando ella vino a la cama con él. Estaba muy mimosa y se la sentía bastante exitada. Vicky lo buscaba, besándole el cuello frotándole el bulto, que se endurecía al contacto con su mano.

Tomi la dejaba actuar porque le gustaba la atención que ella sabía brindarle.

Él, con los ojos cerrados y la boca abierta, disfrutaba de los manoseos de ella, que también le besaba el cuello para aumentar su calentura.

Y cuando lo consideró apropiado, le bajó el elástico del short, liberando su miembro que quedó como un mástil, largo y duro. Vicky no perdió tiempo, rodeando el diámetro de su pedazo con sus finos y delicados dedos, para empezar a subir y bajar en una majestuosa paja que le puso los ojos en blanco al flaco.

Ella se mordía los labios, mientras su glande parecía querer explotar.

La rubia estaba tan concentrada en la pija, que no sintió la mano de él subiendo por su espalda hasta su nuca, en donde empezó a empujarla para que se agachara hasta su verga. Lo hizo con tanta brusquedad, que ella apenas tuvo tiempo de abrir sus labios para recibirla en su boca. Entonces él aflojó su presión, dejando que ella hiciera su parte.

Vicky succionó su miembro con profesionalismo, bajando sus labios a lo largo de su chota venosa, mientras que con su lengua acariciaba su glande.

Él gemía con cada chupada suya, mientras ella hacía sonidos con su garganta, festejando su disfrute.

Un sonoro chirlo se oyó en el silencio (que era interrumpido por los chuponeos de ella a la verga). La cola entangada de ella quedó rosada por el golpe. La mano de su novio siguió aferrando un cachete de ella, que acariciaba con fuerza antes del próximo chirlo.

Tomi le corrió la tanga y le metió sus dedos mientras ella se la seguía chupando. Estaba muy húmeda, deseando que él entrara en ella.

- Subí.

Le ordenó su novio, apenas pudiendo hablar. Vicky alzó sus ojos y lo miró, obedeciendo.

Sin sacarse la tanga, se montó en él, dándole la espalda.

Su enorme cola quedó frente al flaco, que vio cómo su verga penetraba esa vagina rosada y toda mojada. Sus labios vaginales se separaron para dejarlo entrar.

Tomi agarró su cola entre sus manos, apretando esos cachetes firmes mientras ella subía y bajaba encima suyo. Sus pelvis chocaban con violencia, pudiendo oírse el magnífico sonido de los impactos de ambos cuerpos.

Ella jadeaba al sentir la pija metiéndose dentro suyo, haciendola estremecer y temblar.

Su novio veía esa espalda hermosa cubierta por su cabellera rubia, que ella sacudía con salto que pegaba. Sus dedos seguían aferrando su hermosa cola, que impactaba contra él, llegándose a visualizar apenas una porción de su miembro asomándose fuera de ella.

- No podes tener tan buen culo!

La felicitó él entre gemidos.

- Te gusta, mi amor? Es tuya...

- Te gusta que te cojan así, puta?

- Sí, amor! Soy tu puta!

- Querés que te llene de leche, trolita?

- Sí, amor! Acabame toda!

Él gimió de placer al oír esto, sintiendo que sus huevos se ponían duros, preparándose para descargar.

- Dame tu lechita, amor!

Se lo pidió ella, con voz de putita en celo.

Las piernas de él empezaron a temblar, mientras su miembro se inflaba, anunciando que se estaba por venir.

- Acabame adentro, amor!

Le pido ella, extasiada.

Entonces, su fluido seminal empezó a abrirse paso dentro de su miembro, anunciando que había llegado a la punta de su glande con un potente latigazo. Ella aumentó el ritmo de sus saltos, haciendo que su verga escupiera su leche en varios disparos.

Vicky le pegó un último sentón, quedándose quita mientras sentía dentro suyo la verga de él, descargar su última gota, quedando con las piernas temblando y la garganta doliendo por los gritos pegados.

 Entonces ella se bajó de él y se la chupó, tragándose lo que hubiera quedado en la puntita, mientras su vagina escupía el semen de Tomi, chorreando por su pierna.

Mientras ella hacía esto, él pensaba la forma de convencerla de hacer algo diferente.

 Así que, después de echarle aquel polvo, le comentó sobre su fantasía, pero sin mencionar al posible involucrado e insinuándole que lo calentaba imaginarla con otro hombre.

Lógicamente, ella se negó en un principio, alegando que no se animaba y quería ser solamente suya. Él, para manipularla, se mostró ofendido y puso un poco de distancia entre ellos. Ella pudo notar esto así que empezó a plantearse en cumplirle aquella fantasía.

Así que un día le insinuó que aceptaba su propuesta y que haría lo que él le pidiese. De manera que Tomi, sirviéndose de esto, le dijo que haría los preparativos y que durante el encuentro, ella debía estar atada.

A Vicky le gustaba cada vez menos esto, pero ya había accedido así que no se podía retractar.

Entonces el día acordado llegó, y ella se vistió con un conjuntito de lencería negra y un portaligas del mismo color.

El encuentro lo realizarían en la casa quinta de él, en cuyo living preparó una plataforma propia de sadomasoquistas, una especie de potro o caballete en donde ella iría montada.

Su novio se hizo presente, con la verga tan dura que podía notársele en el short deportivo que tenía puesto. Él la besó apasionadamente y aprisionó entre sus manos su enorme culazo, que en un rato más sería disfrutado por otro hombre.

Mientras Vicky se preguntaba quién sería el invitado, él acompañó hasta el potro, en donde le dijo:

- Te tenes que subir y ponerte en cuatro, sacando culo. Y yo te ato las manos.

Ella aceptó y procedió a obedecer, subiéndose a dicha plataforma, quedando ella arrodillada con su vientre reposando sobre lo que parecía el respaldar de un banco, pero bien acondicionado con un tapizado de terciopelo que la hacían sentir cómoda.

Una vez montada, Tomi le ató los tobillos con unas correas, quedando bien sujeta con las piernas separadas y la cola bien paradita. Luego, hizo lo mismo con sus manos, atándole las muñecas con unas correas de cuero que limitaban sus movimientos. Y por último, otra correa alrededor del cuello, que impedían que moviera la cabeza.

Vicky así atada, se sintió prisionera de los deseos de su novio. Y cierto estremecimiento recorrió su cuerpo.

Sin embargo, había un par de detalles que aquel no le había comentado a ella todavía. Y cuando la minuza lo vio con un antifaz en las manos, entendió lo que iba a pasar.

- Quiero que sea una sorpresa...

Solamente le comentó antes de colocarle dicha venda en los ojos. Ahora iba a tener que adivinar con quien la compartiría.

Vicky no podía ver nada, solamente podía percibir lo que pasaba a traves de sus otros sentidos.

Los labios de su novio besaron los suyos apasionadamente, metiéndole la lengua para competir con la suya. Luego, abruptamente, se separó de ella y otra cosa ocupó su lugar. La rubia solamente podía suponer de qué se trataba y, al tantearla con la lengua y percibir su dureza, su largo y su terminación redondeada, pudo deducir que era la verga de Tomi.

Él, exitado como estaba, se la metía y la sacaba continuamente, arremetiendo sin piedad contra su boca.

Ella oía sus jadeos y el sabor de sus fluidos seminales pudieron adivinarse mezclados con su saliva.

Sin embargo, cuando sentía que ya  hinchaba como para escupirle su semen, él se apartó de ella, imponiendo una notable pausa a sus acciones.

No obstante, pasado esto, su miembro volvió a ocupar su lugar en su boca.

Y entonces fue cuando Vicky pudo notar que aquella no era la misma que venía saboreando hasta hacía unos segundos. Esta era de diferente tamaño y no estaba embadurnada con su saliva.

Una segunda respiración a sus espaldas le confirmó su sospecha. Dos hombres la sometían.

Las manos rústicas de un hombre le dio un sonoro chirlo en la cola, antes de comenzar a separarle los cachetes.

Vicky entonces no supo si se la estaba chupando a su novio o al desconocido con el que él quería compartirla.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por el glande del hombre a sus espaldas, el cual separaba sus labios para penetrar su vagina.

Dos manos poderosas la aferraron de la cintura, mientras feroces embestidas chocaban contra sus carnosas nalgas rosadas.

El tipo que tenía delante y que le metía el pene en la boca, la agarraba de la cabeza mientras le metía y le sacaba la verga de la boca, hasta que se la empujó hasta el fondo de la garganta, en donde se la dejó por algunos segundos, hasta que ella soltó una arcada.

Entonces la soltó y se separó de ella, suspirando profundamente.

- Ah, hijo de puta!

Exclamó ella, sintiendo que sus lágrimas se escurrían por debajo del antifaz. Nadie respondió a su reclamo, pero pudo sentir una mano juvenil y delicada que le manoseaba las tetas mientras que con la otra sostenía el mentón de ella, facilitando que su glande ingresara en su boca nuevamente.

Sin embargo, a Vicky no le pasó por alto el detalle de que ese muchacho iba perfumado, a diferencia del que recién había estado peteando.

Había un tercer hombre en escena?

Su miembro incluso era diferente y podía sentirlo al tantearlo con la lengua.

Al mismo tiempo, atrás suyo, las embestidas del otro hombre se reducían hasta detenerse y pudo sentir claramente que otras manos aferraban su cola, y se dio cuenta de que no eran las mismas por la temperatura diferente de ambas.

Su novio la estaba compartiendo con otros dos hombres?

No pudo quejarse porque su boca estaba ocupada por una pija desconocida, más delgada y alargada. El pibe gimió con las succiones de la rubia, y el tono de su voz le resultó familiar, aunque prefirió no especular.

Detrás de ella, el otro flaco le apoyaba el tronco de su miembro en sus nalgas, presionándola contra ella mientras se la frotaba lentamente, de arriba abajo, como si se masturbara de ese modo.

Luego, lo tomó con una mano mientras que con la otra separaba sus cachetes, introduciéndola dentro de ella. Ya hecho esto, la empujó hasta que su pelvis hubo chocado contra su cola. El desconocido no se detuvo ahí, retrocedió y volvió a embestirla, con potencia. Y siguió repitiendo sus movimientos una y otra vez, provocando un sonido como de continuo chasquidos. El roce de su piel con el de ella, causó que la minuza se humedeciera y sus fluidos empezaron a chorrear por sus piernas.

La palma de la mano de este se estrelló contra su nalga, haciendo que se oyera un sonoro chirlo, que hizo que Vicky dejaba escapar un gemido de satisfacción.

El pibe al que peteaba, se apartó de ella y una pausa se produjo antes de que volviera a metérsela en la boca.

Y nuevamente, pudo sentir que la forma de esa verga era diferente a la que estaba chupando, siendo más gruesa aunque un poco más corta. Y a la vez que una nueva chota se metía en su boca, otro hombre ingresaba en su húmeda vagina. Y pudo notar que era otro porque este tenía su miembro más grueso y más largo que los que habían entrado en ella.

Este último desconocido la penetró brutalmente, haciendo que ella soltara un gemido lastimoso. Entonces, aquel festejó su gesto dejando escapar una exclamación:

- Qué culo que tiene!

Y fue ahí cuando Vicky reconoció su voz, identificándolo como Lucho, su cuñado. Esto derivó en un conflicto interno dentro de ella, dado que ahora sabía que aquel se la estaba cogiendo, sintiendo culpa y un poco de vergüenza. Pero al mismo tiempo, una extraña exitación recorrió su cuerpo, calentándose por el morbo de saber que su cuñado estaba aprovechándose de ella.

Cuántas veces la había hecho reír con sus payasadas y la había tratado con respeto. Y ahora que la encontraba vulnerable saciaba su apetito sexual sin su consentimiento.

Y a la vez que estos conflictos se desataban en ella, otra voz se dejo oír en respuesta a la primera:

- Sí. Es tremenda puta!

Y a este también la culona identificó como Lean, el amigo de su cuñado y ex novio de su mejor amiga.

A este apenas lo conocía de vista. Lo había visto un par de veces con su cuñado cuando venía a buscarlo para ir a jugar algún partido. Sí había notado cómo la miraba con deseo y esperaba que ella se diera vuelta para ficharle el orto. Pero tenerlo ahora dentro suyo disfrutando de su gran atributo, era algo que llegaba a molestarla. Cuántas veces lo había visto cuando salía con su amiga, tratando de sacarle conversación y de vez en cuando tirándole algún chiste boludo, ignorándolo ella por razones lógicas, que sumadas a que no le gustaba él, era un ex de una amiga, por lo que era impensable para ella estar con él conociendo esto.

Y su cuñado, que parecía disfrutar de su dominio sobre ella, la agarraba de la cabeza y se cogía su boca con brutalidad, como queriendo sacarse bien las ganas de saber que en otras condiciones, no podría tenerla.

Con él también había pasado mucho rato, agradables por cierto, dado que era muy gracioso. Siempre la hacía reír, estando su novio o no. Y también ella había notado sus miradas insistentes cuando ella le daba la espalda, ya sea cuando estaba en bikini o cuando andaba en shorcito. Incluso había llegado a verlo morderse los labios mientras apreciaba sus enormes caderas. Y si tenía que admitirlo, él también le parecía atractivo. Pero ya salía con su hermano mayor y ella lo trataba como un hermanito menor, debito a su estatura inferior a la  de su novio y a su edad, apenas superando la mayoría legal.

Vicky no supo porqué, o al menos no quiso admitirlo, pero le puso mayor empeño en chupar su verga. Tal vez aprovechaba que en esa situación era válida su interacción, quiso aprovecharla.

Cuando él paró de empujarla, le siguió chupando el glande, sintiendo como él se masturbaba su tronco en la boca de ella. El fluido preseminal empezó a brotar de su punta, pudiendo ella saborearla en su lengua, entendiendo que estaba por hacerlo acabar.

- Bueno, dejame a mí ahora que me quiero coger ese culo!

Dijo su cuñado, sacándole la chota de la boca y caminando hacia la espalda de ella.

- Por la cola no!

Exigió ella, imponiendo un poco su voluntad y demostrando que estaba al tanto de lo que pasaba y de lo que le hacían, a pesar de no poder verlos.

- El culo solamente yo se lo hago. Es mío

Dijo un voz autoritaria, un tanto alejada del grupo, que la rubia pudo identificar como la de su novio Tomi, a quien adivinó pajeándose con la escena que ella le regalaba.

Otro silencio siguió a esta acotación, aunque Vicky pudo sentir a su cuñado Lucho darle un fuerte chirlo, antes de agarrar una de sus nalgas y separarla para que apoyar su glande en sus labios vaginales. Primero se lo frotó con ansias y luego, lentamente fue penetrándola. Cuando ya estuvo dentro, le pegó un buen empujón, hasta que hizo tope, haciéndola soltar un gemido. Luego empezó a agarrar ritmo, moviendose hacia delante y atrás con velocidad, mientras apretaba entre sus manos su cola grande.

- Qué buen culo que tenés hija de puta!

Gimió él, hablándole al oído. Ella tenía otra verga en la boca, así que no podía hablar. Pero ahora que sabía que era su cuñado el que se la estaba cogiendo con ganas, podía sentirlo diferente e incluso llegar a disfrutar de esa fantasía de garchar con él. De ser aprovechada por él, por su desventaja, como si la estuviera violando.

Y para colmo, la verga que estaba succionando se la sacaron de la boca y otra se puso para que se la chupara. Pero pudo notar que ambos hombres estaban uno al lado del otro, así que se la chupaba a uno y otro en simultáneo.

Uno tenía la pija delgada y larga, y le pertenencía al que estaba perfumado, y la otra era más corta pero bien dura y cabezona.

- Qué petera que sos!

Murmuró una voz delante suyo, perteneciente al flaco que estaba chupando.

Y su corazón pegó un salto cuando lo identificó como a Mati, su mejor amigo desde la infancia casi. Estuvo a punto de quejarse, pero él ya le metía la verga de vuelta en la boca.

Mati no le gustaba. De hecho su atractivo físico era poco o nulo, siendo un gordito panzón que se la pasaba riendo y que era muy gracioso, pero no alguien a quien se cogería, si pudiera elegir.

Cuántas veces él la había hecho reír y ella le había contado sus confidencias, a veces incluso llorando en su hombro, y ahora lo tenía en su boca, dándole placer involuntariamente.

- Es el mejor culo que me cojí en mi vida!

Admitió el dueño de la segunda chota, a quien reconocería como Nacho, el mejor amigo de su novio.

Entonces no supo cómo reaccionar. Este era un flaco de anteojos que hablaba mucho, no muy lindo, y que ahora era el actual novio de otra de sus amigas. A él lo conocía un poco más porque si no estaba con su novia, estaba con el novio de la culona, así que cada tanto intercambiaban conversaciones.

- Les gusta el regalito que les hice?

Quiso saber Tomi, preguntándole al grupo en general, que respondió afirmativamente al unísono y con entusiasmo.

Vicky no supo cómo sentirse. Entre amigos y conocidos, todos estaban disfrutando por su cuerpo prácticamente sin su permiso, ya que le había dado ese poder a su novio y este se había excedido.

- Me la quiero coger un rato.

Dijo la voz de Mati, que le manoseó las tetas antes de ir atrás de ella, en donde su cuñado le cedió su lugar para que cumpliera su deseo.

Su mejor amigo la penetró sin delicadezas, notándose que era algo que necesitaba hacerle hace tiempo.

La agarró de la cintura con sus manos regordetas y empezó a embestirla con brutalidad, haciendo sonar sus cuerpos con el impacto. Y mientras lo hacía, le decía cosas al oído para que ella sola lo oyera.

- Te gusta trolita? Hace rato que me vuelve loco esa cola hermosa.... No podés tener tan buen culo! Quiero llenarte de leche puta...

A su vez, tres de ellos se habían puesto para que ella les lamiera sus miembros, soltando uno y chupando otro, sucesivamente. Y de mientras, una mano poderosa le manoseaba las tetas y le acariciaba los pezones con una mano, usando la otra para masturbarse.

Vicky no podía verlos, pero podía adivinarlos a su alrededor, gimiendo, pajeándose, penetrándola, metiéndosela en la boca.

Ellos estaban extasiados y aullaban de placer, gustosos de someterla y tenerla para ellos, con el permiso de su novio.

Mati se la cogió un buen rato, pero de pronto se detuvo en seco y se la sacó, pudiéndose intuir que estuvo a punto de acabar, pero se contuvo para seguir disfrutándola.

- A ver, correte que me toca.

Dijo la voz de Tomi, su novio, sacando al gordito para ocupar su lugar.

Sin embargo, en vez de entrar en su vagina, humedeció con saliva el agujero de su cola, en donde metió un dedo, estimulándola para que se le dilatara.

La rubia estaba muy ocupada para quejarse, pero quería pedirle que se lo hiciera despacio. No era la primera vez que le entregaba esa cola perfecta, pero quería que fuera más cariñoso.

Tomi apoyó su glande en la entrada de su ano y despacio fue empujándola, hasta que su cabeza hubo ingresado en su cola. Ella soltó un gemido de dolor, porque no estaba bien lubricada. A su novio no le importó, empujándola más a fondo y escupiéndola un poco para que resbale mejor. Seguido a esto, empezó a aumentar el ritmo de las cogidas a su apretado agujero.

Ella dejó de chupar vergas para morderse los labios, tratando de tolerar el dolor provocado por la culeada que le estaban pegando.

- Qué afortunado. Mirá cómo le rompe el culo a Vicky...

Dijo la voz de su cuñado, pajeándose en su cara.

A su lado, Lean agarró su miembro grande y le pegó con este en la cara a la rubia, como si fuera una cachiporra de carne.

- Es re trola. Le gusta que se la cojan entre varios...

Comentó Lean.

- Y que le rompan el culazo.

Agregó Mati, masturbándose delante de su cara.

- Mirá cómo entrega la puta.

Gimió Nacho, demasiado caliente.

Entonces, Tomi frenó sus movimientos y sacó suavemente su miembro de la cola de ella, metiéndosela ahora sí porque su concha bien húmeda.

- Me encanta cuando sos tan putita...

Gimió su novio, apenas pudiendo hablar mientras le estampaba unos buenos empellones, haciendo sonar sus nalgas.

Pero su exitasión era tal, que pronto pudo sentirse que su verga se fue preparando para eyacular.

- Acabo!

Anunció con un grito, mientras hundía hasta el fondo su chota y dejándola ahí.

Vicky sintió el fluido caliente derramarse dentro suyo en una potente explosión. Tomi dejó que la primera descarga saliera antes de retroceder y volver a embestirla, para que otras descargas salieran de él.

Sus eyaculaciones iban acompañadas de gemidos de placer, mientras que a su alrededor, sus invitados lo festejaban.

-No! Mirá qué hijo de puta!

-Naa.. chabón! Qué afortunado!

- Cómo le acabaste adentro! Sos un genio!

- Sos mi ídolo! Cómo la llenaste de leche a la culona!

Tomi dejó de moverse pero todavía se sentía su respiración agitada. Y lentamente fue sacando su miembro de la vagina de Vicky, dándole un fuerte chirlo a modo de agradecimiento.

- Quién sigue?

Ofreció Tomi, exhausto.

- Yo!

Se apuró Lucho, su cuñado. Pero antes de penetrarla, se acercó a su hermano y le hizo una pregunta, que aquel respondió negativamente. Sin embargo Lucho insistió, llegando a implorarle inclusive.

- Dale! Por favor! Hacelo por tu hermanito! Es la única oportunidad que tengo para hacer esto! Dejame una vez y listo!

Tomi hizo una pausa reflexiva, accediendo luego.

- Bueno, pero no la lastimes.

Lucho habrá pegado un salto de la alegría. Y pronto Vicky entendería lo que él quería hacerle.

Su glande no se metió en su vagina llena de semen, sino en su cola.

La rubia no podía creer que también su cuñado pudiera disfrutar de su mayor atributo. Y encima sin su permiso.

Entonces pudo sentir a su cuñado agarrándola nuevamente de los cachetes y penetrarla por su estrecho agujero. Aunque más delicado que su hermano.

Vicky hizo un gesto de dolor, pero no expresó más que eso. Ya hasta empezaba a disfrutar del anal.

Podía sentir la piel del miembro de su cuñado deslizarse dentro de su cola, haciendo tope su pelvis contra sus nalgas grandes y rosadas, mientras él las acariciaba con devoción. Hasta podía imaginar su cara de placer y sus ojos iluminados mientras se lo hacía. Vicky movió un poco las caderas, para provocarlo aún más. En el fondo sentía que aquello era algo entre ellos dos no más, como si no hubiera otros rodeándola. Como si fuera una historia entre ambos, un jugueteo cómplice.

A pesar de que aquello era válido en aquel contexto, llegó a sentir que estaba engañando a su novio con su hermanito menor, su cuñadito.

Él pareció sentir lo mismo, porque aumentó el ritmo de sus movimientos, hasta que también llegó clímax.

Aferrándola con fuerza de las nalgas, se la clavó profundamente en la cola, dejándola ahí, mientras potente y continuas descargas llenaban su pequeño agujero.

Su cuñado gemía de placer, disfrutando el hecho de hacerle la cola a su cuñada culona y encima acabarle adentro.

Después de asestarle otro empujón, salió de ella, sin dejar de acariciarle el orto, como si se despidiera de su culo.

Sin embargo, apenas él la había soltado, ya había otro haciendo fila. Por suerte no para su cola, y tuvo que agradecer, porque era bien grande y gruesa, así que supuso que sería Lean, el amigo de su cuñado.

Su concha todavía húmeda, lo recibió gustoso, interrumpiendo los petes que le propinaba a los otros dos para disfrutar de la penetrada.

Su glande rozaba las paredes de su vagina y la calentaba, recibiendo sus poderosos empujones que la hacían mojarse cada vez más. Pero él tampoco iba a aguantar tanto y antes de terminar consultó:

- Puedo acabarle adentro?

-No! Solamente yo le acabo adentro.

Aseguró Tomi, provocando un suspiro de contrariedad en Lean, que siguió empujándola con salvajismo, agarrándola de la cintura.

Entonces, su miembro se puso más grueso, anunciando su eyaculación. Y, contrario a lo que había impuesto su novio, Lean hizo trampa, a pesar de que pudo engañar al resto.

Vicky claramente sintió que un potente chorro brotó de su verga gruesa, quedando dentro suyo. Y antes de que la segunda descarga saliera, Lean la sacó de adentro y se pajeó con ganas, regando su cola con varios chorros de semen, dejando sus nalgas bien decoradas con sus fluidos. Y él también le propinó una nalgada a modo de agradecimiento, riendo luego de que la última gota hubiera salido de él.

La rubia no denunció esto para evitar que se armara quilombo, pero no le gustó que aquel desconocido le dejara adentro su semen.

Pero no tuvo tiempo de hacerse drama por esto, porque escuchó la conversación entre Nacho, el mejor amigo de su novio y Mati, su mejor amigo.

- Te la vas a coger?

Le preguntó el novio de su amiga y el gordo respondió:

- No! Le quiero acabar en la cara.

Vicky quiso quejarse, pero Nacho le metía su miembro en la boca y no le permitía articular palabra.

El novio de su amiga le empujaba su pedazo dentro de sus labios, obligándola a succionarlo.

Y pensar que su amiga decía que estaba enamoradísima de él, que quería casarse con él porque no tenía ojos para otra que no fuera ella y que nunca la engañaría. Y ahí estaba, siendo peteado por la rubia, traicionando involuntariamente a su amiga con su novio.

Nacho dejó su glande entre los labios de la culona, mientras se pajeaba el tronco, apuntando dentro de la boca de ella.

- Chupá puta! Dale chupá!

Exigió este, denotando que estaba por acabar también. Y Vicky, enojada, de todas maneras obedeció, succionando su glande con fuerza.

Nacho no pudo aguantar y soltó una potente descarga en su boca, sin parar de masturbarse y colaborando para que otros chorros de semen brotaran de él, aterrizando en la lengua de la caderona.

Vicky se quedó quieta, aún succionando, permitiendo que él exprimiera su verga dentro de su boca. Y cuando la última gota saltó, se tragó el fluido, siendo festejado por los hombres que la rodeaban.

- No! Mirá cómo se lo traga! Es re puta!

- Le encanta le leche a la trolita!

Y otras cosas más.

Y ahora, llegaba el turno de Mati, el mejor amigo de Vicky, que le metió la chota en la boca, obligándola a chupar. Ella lo hizo a desgano.

Pero el gordito ya se había aguantado bastante, así enseguida le sacó la pija de la boca y se masturbó delante de ella.

Y para su sorpresa, en un inesperado movimiento, le sacó el antifaz, dejando los ojos de ella descubiertos.

- Mirame puta!

Exclamó Mati, exitado.

Vicky, deslubrada, alcanzó a ver la mano regordeta de su amigo sosteniendo su miembro igualmente fofo y su barriga prominente delante de ella, antes de alzar lavista en busca de su rostro.

Pero por su disposición, los ojos de su amigo no entraban en su ángulo de visión, y ella tenía el cuello atado con una correa así que no podía alzar más la vista.

- Sos re puta!

Exclamó el gordito antes de soltar el primer escupitajo de semen. Aquel chorro impactó en la mejilla rosada de Vicky, que no pudo esquivarla porque él le sostenía la cara agarrándola por el mentón.

Una segunda explosión le dio de lleno en la cara, quedando una línea blanca y espesa atravesando sus labios y la comisura de su boca.

Vicky cerró los ojos, tratando de pensar en otra cosa y evitando guardar el recuerdo de aquel flaco llenándole la cara de leche. Mati no se detuvo ahí, se siguió pajeando hasta que otros chorros salieron de él e impactaran en la delicada cara de la influencer.

- No podés ser más trola...

Gimió su mejor amigo, metiéndole su miembro en la boca a la mina, que chupó el resto de semen hasta que él la soltó, apartándose de ella.

Los hombres festejaron y se felicitaron entre ellos por la hazaña, deshaciéndose en agradecimientos con Tomi, que les había prestado su novia para que disfrutaran como nunca en su vida.

- No se mal acostumbren que esto no va a repetirse...

Anunció este, mientras los demás lo palmeaban y agradecían.

- Y de esto no hablan con nadie. Entendieron?

Todos estuvieron de acuerdo.

Entonces los hombres se fueron a otro lado, para lavarse y vestirse, quedando solamente su novio, que se acercó a ella y le agradeció.

- Gracias amor. Es el mejor regalo que me hayan hecho nunca. Es la primera vez que me caliento tanto viéndote con otros.

Y mientras se lo decía la iba liberando de sus ataduras.

- Limpiate que en un rato quiero hacertelo de vuelta pero yo solo.

Y sin decirle nada más, se fue con sus amigos, dejándola a Vicky regada de semen, frotándose las muñecas y buscando algo con qué limpiar su carita llena de leche.


Ella no sabía cómo sentirse, porque era la primera vez que alguien la compartía con sus amigos.

Y mientras los otro festejaban, ella quedó ahí sentada, limpiando us carita con una servilleta y pensando debía admitirle que había disfrutado haber sido sometida de aquella manera, imaginándose que tal vez, podrían repetirlo en el futuro.

 

 Todo su contenido completo y sin censura encontralo en:

https://diosasenlasredes.blogspot.com/

(Colaboren así puedo seguir escribiendo relatos)

 

domingo, 29 de noviembre de 2020

Victoria Lune: El Gatito más Codiciado

 La mayoría de ustedes seguramente ya la conozcan, porque esta rubia es uno de los gatitos más deseados de la noche porteña.

Esta mina por lo general es presencia en algún boliche, en donde su culo es el protagonista de la noche.

Sin embargo, la rubia ahora está en pareja con un boludo forrado en guita, lo que la alejó un poco de la vida de la noche, lo que no significa que haya dejado sus andanzas gatunas.

Como se ha mencionado, Viqui es la esposa trofeo de un empresario con cara de salame que vive en Puerto Madero o en algún lugar bien cheto. O sea que lo único que hace de su vida es mantenerse linda para que el boludo venga a descargarse con ella y para ser presentada como un trofeo a los amigos de este, que siempre disfruta de presentarla para que ellos vean el minón que se come.

La vida de Viqui está llena de lujos y viajes a cambio de su sacrificio. Pero son unos ilusos si creen que ella se limita a cogerse a su marido.

La rubia es muy calentona y algunas de sus distracciones consisten, además de calentar a los hombres y hacerse desear, en cogerse a algunos a escondidas.

De hecho, a veces ofrecía favores sexuales a modo de moneda de intercambio.

Una noche, ella estaba en su departamento lujoso, aburrida y había terminado de ejercitar su cuerpazo, cuando el hambre la atacó. Ella no es de cocinar, porque siempre va a comer afuera con su novio, que le paga todos los caprichos. Sin embargo, él esa noche no había llegado todavía, porque tenía una reunión con sus socios empresarios.

Así que ella, sin esperarlo, llamó a un delivery para que le trajera algo para cenar.

Todavía vestida con su ropa deportiva, esperó a que llegara su pedido. Y cuando llegó, le abrió la puerta desde el portero eléctrico, para que el pibe del delivery subiera y le trajera su pedido.

Cuando la puerta se abrió y ella apareció ahí, el pibe no podía creer el minón que lo atendía. Apenas si pudo articular palabras para cobrarle. Ella, toda soberbia y orgullosa, lo trató con indiferencia e incluso mal humor, demostrando superioridad frente a ese empleaducho. Le pagó el valor del pedido sin excederse en un solo centavo.

Sin embargo, la propina se la iba a pagar pero no con billetes.

Ella, con su voz de trolita, le dijo:

- Ay, no tengo billetes chicos para darte.

El pibe no podía pensar con claridad, así que no supo qué contestarle, así que ella lo tuvo que apurar:

- Pero puedo recompensarte de otra manera...

Y sin amabilidad, lo empujó contra la pared, empezando a frotarle el bulto por encima del jogging mientras lo miraba a los ojos. El pibe no podía creer lo que estaba pasando, quedando idiotizado al sentir su mano recorriendo su miembro por encima del pantalón. Le miraba la cara, calentándose con la pinta de puta que tenía la rubia.

Pero Viqui no se detendría ahí. Sintiendo que se le ponía dura con sus manoseos, le bajó el elástico, dejando al descubierto su verga, dura y venosa.

Cuando ella lo empezó a pajear con ganas, él alzó una mano para tocarle las tetas, que estaban a la altura de su cara, ya que ella era mucho más alta que él. Le hubiera gustado besárselas, pero Viqui apoyaba su brazo libre en el hombro de él, tratando de mantener distancia para evitar eso. Tenía miedo que él se las chupara y ella se calentara y se terminara cogiendo a ese delivery sólo por impulso.

La rubia se escupió la mano, lubricándosela antes de seguir pajeándolo. Le divertí ver cómo el pibe temblaba con el servicio que estaba recibiendo. Sus ojos expresaban el extasis que estaba soportando.

- Cuánto me cobras un pete?

Le preguntó él, apenas pudiendo hablar.

- No soy una trola.

Le respondió ella, sin dejar de masturbarlo y mintiendo alevosamente, dado que hasta hacía poco le pagaban en dólares para acabarle en la jeta.

- Pago lo que sea...

Ofreció él, a pesar de que su sueldo no le hubiera alcanzado ni para un buen pete.

- Querés acabarme en la boca?

Le insinuó ella, mordiéndose los labios y acercándoselo a él, para que sintiera su aliento, sabiendo el efecto que eso provocaba en los hombres.

- Sí! Te quiero llenar de leche rubia puta!

Gritó él, sin poder controlar el tono de su voz.

- Me gusta que me acaben en la boca. Me tragaría toda tu lechita calentita...

Le dijo ella suavemente al oído, como si fuera un secreto, gimiendo al final de la frase para darle mayor contundencia al impacto de su confesión.

Eso fue todo lo que el pibe pudo soportar. Imaginarse a esa rubia arrodillada delante suyo, con su verga en la boca, mirándolo a los ojos y pidiéndole su leche, provocó que eyaculara.

Su semen brotó de su glande en un chorro blanco y espeso que fue a parar al abdomen marcado de Viqui. Ella lo pajeó más rápido, causando que otros disparos siguieran al primero, salpicando sus abdominales, por donde la eyaculación empezó a resbalar hasta su shortcito deportivo.

La rubia se quedó agarrando la base de aquella pija dura, que todavía palpitaba después de la última descarga, cayendo un poco sobre los dedos que rodeaban el pedazo.

El pibe, exhausto, le agradeció. Ella se limpió el semen que tenía entre los dedos en el pantalón de él, al tiempo que le decía:

- Ahí tenes tu propina. Ya te podes tomar el palo.

Él no esperó que se lo repitiera. Se levantó el jogging y luego de echarle un último vistazo a esas buenas tetas, salió por la puerta, que ella cerró tras él.

Sonrió con satisfacción, le gustaba poder someter de aquella manera a los hombres, a los que veía tan manipulables con sólo ofrecerle un poco de sexo.

Fue hasta la cocina y buscó el rollo de papel de manos, limpiándose la eyaculación que había quedado en su pancita. Si tuviera que admitirlo, diría que le calentaba un poco que los hombres la usaran como un objeto de placer.

Se terminó de limpiar y se dispuso a comer su pedido, orgullosa de sí misma.

 

Una o dos horas más tarde esa noche, su novio volvió al departamento. La reunión de negocios parecía haber tenido éxito y esa noche se iba a festejar por eso con unos amigos.

Uno de ellos, de hecho, había venido con él, acompañándolo hasta allí para que se cambiara y así seguir la joda en otro lado.

Viqui, al oír eso, se iba a alistar para ir con ellos, cuando su pareja le dijo que era una reunión de hombres solamente y que no sería conveniente que ella fuera.

Ella obedeció, acostumbrada a hacer lo que él le decía, aunque un poco indignada de no poder salir ella también de joda. Sin embargo, se alegraba de no tener que ir a esa reunión,  porque la mayoría de los amigos de su novio eran viejos y sin atractivo físico, que la miraban con unas ganas de cogérsela delante mismo de su novio.

Y ejemplo de eso era el amigo y socio que había venido junto a él, un viejo que conocía de vista y que era famoso por ser dueño de un Shopping.

A Viqui no le caía bien, ya que este le había ofrecido plata por un polvo cuando ella ya salía con su actual novio. Y siempre le insistía con lo mismo.

El dueño del departamento se fue a bañar y cambiar, dejándolos a ambos solos.

El silencio reinó entre ambos, mientras ella mantenía su atención en su celular y en las redes sociales, mientras que el viejo la miraba de pies a cabeza, pasándose la lengua por los labios.

Viqui se había vestido creyendo que saldría con su marido, por lo que estaba bastante provocativa. Un escote profundo dejaba a la vista sus pechos, juntos y apretados, a la espera de alguna verga que le hiciera una turca. A su vez, sus piernas torneadas se asomaban por debajo una minifalda que apenas podía ocultar la tanguita roja que llevaba debajo.

Ante esta imagen, la chota del viejo se animó, teniendo que acomodársela en el pantalón, en un gesto que no pasó desapercibido por la rubia, que lo vigilaba de reojo.

- Pensaste en mi oferta?

Indagó el hombre, rompiendo el silencio. Ella tragó saliva, tomando valor para contestarle sin mirarlo:

- Ya te dije que tengo novio. Y es tu amigo.

- Es mi socio no más.

Aclaró él, enfatizando en esa frase, aclarando luego:

- Hoy cerramos un contrato que lo beneficia. Él puede vender sus muebles de lujo en mi Shopping. Pero me parece que me estoy arrepintiendo de haber cerrado el trato. No me conviene...

Advirtió él, provocando que ella lo mirara.

Viqui entendía lo que trataba de decirle. Su novio quería llegar a un acuerdo con aquel y convertirlo en su socio, algo que hasta ahora le había costado. Así que necesitaba convencerlo para que recapacitara. Y ella tenía la oportunidad de contribuir en esa tarea. Después de todo, si al boludo de su marido le iba bien, el mes entrante podrían viajar a Estados Unidos o a algún lugar similar.

Así decidió negociar:

- Qué querés?

Preguntó ella, mirándolo desafiante.

- Ya sabes lo que quiero. Quiero echarte un polvo.

-Bueno. Vamos a coordinar para encontrarnos en la semana y vemos...

- Ahora quiero.

Dijo él, determinante, acercándose y parándose frente a ella.

La rubia alzó la vista para mirarlo a los ojos, porque prácticamente tenía su bulto a la altura de la cara.

- Ahora no! Mi novio se está bañando y puede aparecer en cualquier momento!

Reclamó ella, con la voz cargada de histeria. Pero él no la escuchaba, relamiéndose por lo que venía.

- Entonces me lo vas a tener que hacer rápido.

Anunció, desabrochándose el cinturón y bajpandose el cierre, sin sacarle los ojos de encima.

La rubia se indignó aún más, abriendo la boca para seguir reclamándole. Pero el viejo no quería escucharla, sacando su chota dura y acercándose aún más a ella.

La agarró de la cabeza y le metió su miembro en la boca. La rubia no se resistió mucho más, dejando que él empezara a moverse hacia delante y atrás, cogiéndose su boquita.

- Ah! Sos toda una putita...

Gimió el viejo, mirando al techo mientras disfrutaba de lo que le hacía a la novia de su socio. La minuza, con el entrecejo apretado, lo miraba mientras su glande chocaba contra su garganta.

La mano del viejo bajó y dejó al descubierto una goma de Viqui, acariciándola con fuerza.

Ella dejó que se lo hiciera, a pesar de que no lo disfrutaba. Entonces el viejo la soltó y ella siguió chupándosela, mirándolo a los ojos, con gesto de ofendida.

- Sin manos!

Le ordenó él, así que ella obedeció y chupó su glande apoyando sus manos en las piernas de él, mientras cabeceaba hacia delante y atrás, ante la atenta mirada del agasajado.

- Naciste para ser puta.

Reconoció él, viendo cómo los labios de ella rodeaban su tronco y se lo engullía, antes de dejarlo libre para pasarle la lengua desde la base hasta la punta, antes de hacerlo desaparecer de nuevo en su boquita.

Entonces la rubia lo empezó a pajear, para que acabara antes de que su novio los descubriera. Con sus dedos finos y delicados, rodeo el venoso miembro, deslizando su mano desde sus huevos hasta su glande, primero despacio y luego acelerando el ritmo. Para completar el cuadro, apoyaba sus labios en la punta de su verga, a la espera del semen que aquel pudiera disparar en su boca.

Pero el viejo todavía no quería acabar, no antes de darse un gusto.

Sin pedirle permiso, desnudó el pecho de ella, dejando sus tetas a la vista y las juntó para meter su pija entre ellas.

- Haceme una turca.

Le pidió, caliente como estaba.

Viqui juntó sus gomas, apretándola bien entre sí y él metió su chota entre ellas, asomándose apenas en medio de ambas.

La rubia sostuvo sus tetas de cada lado, impidiendo que la pija que estaba aprisionada se escapara. Mientras que él la agarraba de los hombros, moviendo su pelvis hacia delante y atrás, como si se cogiera sus pechos o mejor dicho, pajeándose con ambos.

Era una hermosa sensación sentir esas tetas duras apretándolo, rozando su piel y recibiendo sus violentas embestidas.

Ella escupió el glande para facilitar su deslizamiento, lubricándolo con su saliva.

- Sacá la lengua, puta.

Extasiado, apenas pudiendo hablar ante el delirio de placer al que estaba sometido. Ella obedeció y él se movió más rápido aún, haciendo que la cabeza de su pija rozara la lenguita rosada del gatito rubio.

El viejo se pajeó un poco más con esas tetas jóvenes, mirando a su dueña a los ojos y el roce con esa lenguita le provocó una explosión.

Un escupitajo blanco salió expulsado hacia la lengua de Viqui, que demostró haber sentido el sabor del semen que había aterrizado en ella, recogiendo la lengua en su boca. Sin embargo, volvió a sacarla nuevamente, aunque sin rastros de líquido seminal en ella, denotando que se lo había tragado.

Otra descarga siguió a la primera, yendo a parar de vuelta a su lenguita, pero también a su estilizado mentón y a la comisura de su boca.

El viejo gimió tras esa descarga, pegando fuertes empujones para permitir que su leche saliera expulsada hacia ella.

Una última descarga dibujó una línea blanca en el cuello de cisne de la modelito, empezando luego a deslizarse en gotas hacia sus tetas.

El hombre dejó de moverse, soltándola y permitiendo que ella siguiera pajeándolo hasta que la última gota hubiera brotado de él. Viqui miraba con atención el glande para limpiarlo lo mejor posible. Pero el viejo tenía otros planes.

Agarró su miembro y se lo metió en la boca, obligándola a que succionara y le terminara de limpiar su fluido seminal.

Viqui se la chupó, tragándose todo liquido que hubo sentido en su boca, siendo soltada finalmente por el viejo, que había quedado exhausto.

- Muchas gracias. Esa boca te va abrir muchas puertas.

Reconoció él, que cayó sentado en una silla porque las piernas ya no le respondían.

La rubia lo ignoró, yendo a buscar nuevamente el papel de manos para limpiarse la cara y las tetas.

Y había terminado de cubrirse el pecho cuando su novio salió de la ducha, ya cambiado y listo para salir.

- Perdón por hacerte esperar. Espero que no te hayas aburrido!

Le comentó el boludo.

- No. Tu mujer me entretuvo un poco...

Bromeó su socio y ambos rieron.

Entonces, el novio de la rubia fue a despedirse de ella y le dijo que dejaba el auto porque su amigo lo llevaba.

Y sin alargarla más, ambos masculinos se fueron a seguir de joda por la noche porteña, dejando a su esposa trofeo en la casa.

 

Viqui no se quejó, prefería que él hiciera la suya a tener que fumarse a los pajeros de sus amigos, que buscabas cualquier excusa para rozarla, tocarla e incluso apoyarla. Y siempre mirándole el culo y las tetas, cosa que no era culpa de ellos porque ella misma iba vestida para provocarlos.

Se sentía un poco indignada por lo sucedido en la última hora, por lo que decidió despejarse yéndose ella a dar una vuelta por la ciudad, para sacarse el malhumor.

Entonces agarró las llaves del auto de su marido y se fue al estacionamiento a buscarlo.

Por lo general él no le permitía usarlo, porque era un auto de alta gama y tenía miedo que ella lo chocara y tener que pagar el coste del mismo.

Sin embargo, él no estaba ahí y ella se quería dar un gusto.

Así que sin pedir permiso, salió a dar unas vueltas con el auto.

Pasó la noche con algunas amigas en un bar, tomando hasta que llegó la hora de irse.

El problema es que estaba llegando al edificio donde vivía cuando hizo una mala maniobra y le hizo una abolladura en la chapa al auto.

No era muy grande pero se notaba y si su novio se daba cuenta que había usado su auto sin su permiso, encontraría la manera de castigarla, seguramente sin regalarle sus caprichos.

Viqui, medio atontada por todo lo que había tomado, pensó con rapidez y resolvió llevar el vehículo al taller mecánico 24 hs que quedaba cerca de allí.

Durante el camino, rogaba que estuviera abierto y la atendieran.

Llegó y al meter el auto, un tipo delgado y demacrado salió a recibirla. Estaba fumando y por su actitud, parecía estar desocupado.

La rubia estacionó y salió del auto, un poco mareada todavía por el alcohol. Y el flaco la recorrió con la mirada, sin poder creer el monumento de mujer que tenía delante.


Ella, toda delicada y felina, se acercó a hablar con el hombre, que visiblemente tenía más años que ella.

Disimulando su ebriedad, le explicó la urgencia de su problema.

El hombre revisó la abolladura y le dijo que podría hacerlo, teniéndolo listo en un par de horas.

El problema era que tenía otros trabajos por delante e iba a tener que esperar.

Viqui le rogó que lo reconsiderase, que le pagaría el doble de lo que correspondía, pero a él no le interesaba el dinero.

Ya cuando la vio tuvo ganas de pegarle una cogida y cuando notó su borrachera, creyó que podría sacar ventaja. Y ya cuando escuchó su problema, improvisó un plan que lo llevara al resultado que quería.

- Tiene que haber alguna forma de ayudarme!

Le imploró ella.

- Es que hay otros que tiene turno antes que usted. Y son de mayor urgencia.

La rubia, al escuchar eso, sintió que la angustia la invadía. Entonces, decidió usar sus trucos gatunos.

- Hay alguna forma que pueda convencerlo?

Preguntó, mientras con un dedo acariciaba la profunda línea que separa sus pechos y que aquel hombre no pudo evitar mirar, sintiendo que su miembro se endurecía. Y la minuza pudo notar cómo la entrepierna de su mameluco se inflaba gradualmente, considerándolo una reacción a su provocación.

- No puedo, rubia. Mi jefe no está y si llega a venir y ve que pierdo tiempo con otro pedido, me va armar quilombo!

- Dale, amor. Hacelo por mí...

Le pidió ella, con vos de gatita en celo y juntando sus codos en el ombligo, haciendo que sus tetas se apretaran y quedan más grandes.

- Y yo qué gano?

- Toda mi gratitud...

Le respondió ella, llevándose un dedo a los labios. Él la miró con ganas de tirarsele encima, se acomodó la verdad que amenazaba con perforar el pantalón y le sugirió:

- Si me das un adelanto de esa gratitud, puedo trabajar rápido y devolverte el auto antes de que en tu casa se enteren de que lo chocaste. Pero vas a tener que decidir rápido antes que llegue mi jefe.

Ella, en su estado de ebriedad, no pudo pensar con claridad, así que decidió resolver aquello lo antes posible.

- Te hago una paja y cerramos trato.

- Un pete. O no hay trato.

Subió la apuesta el mecánico, que ya saboreaba el gatito que se iba a comer.

Ella quiso objetar, pero él ya la agarraba de la cintura y le acercaba la cara para besarla. Viqui sintió su aliento a pucho y le corrió la cara, así que él se conformó con besarle y lamerle el cuello, recorriendo el camino hacia sus tetas.

Y sin pedir permiso, liberó sus tetas del escote, apretándolas con sus manos antes de chuparle los pezones. Mientras tanto, ella empezaba a amasarle el bulto por encima del mameluco.

Él, sintiendo la deliciosa paja que ella le hacia y con miedo de acabar antes de poder disfrutar de su peteada, procedió a bajarse el cierre del enterizo, bajándoselo para que ella pudiera maniobrar mejor.

Su verga rebotó al ser liberada, quedando como un obelisco apuntando al ombligo de ella.

Si Viqui tuviera que admitir algo era que aquel mecánico la tenía muy gruesa y un poco larga. Lo que le daba asquito eran los pelos alrededor de la base.

Entonces, se escupió la mano y empezó a pajearlo.

El hombre, hundido entre sus tetas, gimió de placer. Si había algo en lo que era experta, era en masturbar hombres.

- Qué cogida te pegaría rubia puta!

Le dijo él, mirándola a la cara. Ella no respondió, solamente lo miró y después le escupió el glande, para lubricarlo un poco más.

El hombre, que ya había aguantado bastante la previa, la agarró de la cabeza y la empujó para abajo, obligándola a arrodillarse. La rubia apenas se resistió, cayendo de rodillas frente a la verga del mecánico. Y este, agarrando su miembro por la base como si fuera un garrote, y con la otra el pelo de Viqui, le metió la chota en la boquita de ella.

El gatito recibió el pedazo abriendo los labios y succionando su glande. Tenía apuro así que quiso abreviar pegando unas buenas cabeceadas, con movimientos cortitos que aceleraban su ritmo.

El mecánico miró al cielo primero y luego a la rubia, que vigilaba sus gestos para sacársela de la boca antes de que se la llenara de semen.

Sin embargo, él se la sacó y le pegó con la pija en la cara. La mina sintió los garrotazos y luego volvió a pasarle la lengua lo largo del tronco, hasta llegar a la punta para engullirse su cabezona. Y una vez allí, volvió a cabecear rápido para obligarlo a acabar.

A él ya le temblaban las piernas y la vena de su verga ya se estaba poniendo gruesa, señal de que se preparaba para descargar.

Sin embargo, estaban en el mejor momento cuando la puerta del fondo se abrió y por ella apareció otro hombre. Era el jefe de aquel flaco. Y a diferencia de este, era más bajo y panzón, con una pinta de camionero indescriptible. De por sí ya tenía cara de pocos amigos, que se potenció al descubrir lo que hacía su empleado cuando él no estaba.

- Otra vez trayendo putas al taller!

Le gritó, acercándose con rapidez mientras el aludido trataba de subirse el pantalón, unos segundos antes de terminar.

Viqui, todavía de rodillas, no supo qué actitud adoptar.

El gordo, viendo lo buena que estaba la rubia, la agarró de un brazo y la levantó del suelo, mientras ella se tapaba las tetas con las manos, quedando entre los dos hombres.

- Y esta trola quién es? Te estás patinando la guita en gatos caros?

Le reclamó, viendo la sofisticación de la mina. Ella no alcanzó a defenderse porque el mecánico flaco la interrumpió.

- No es un gato! Es una clienta. Lo que pasa es que estábamos llegando a un acuerdo...

Y le explicó el problema que aquella tenía y lo que había llevado a que la situación terminara así.

- Tenés laburo por delante. Y estas cogiendo en vez de adelantar! Dejame que yo me encargue de ella y vos seguí trabajando!

Le ordenó sin escucharlo, todavía agarrando del brazo a la mujer y sin dejar de mirarle el hermoso culo que tiene ella.

- Mi trato es con él.

Se atajó Viqui, aunque él la contradijo:

- Yo soy el dueño de este taller. Así que deberías negociar conmigo...

Ella tragó saliva y antes que pudiera agregar algo, él ya enfatizaba:

- Y estás soñando si crees que me voy a conformar con un pete no más.

Y sin pedir permiso, le dio un sonoro chirlo en la cola.

- Y si no quiero qué?

- Te podés llevar tu auto como lo trajiste. Tal vez tu noviecito no se dé cuenta del golpe. Pero si llamo a la policía y denuncio que estás manejando borracha, te vas a comer una multa o tal vez algo más...

La chantajeó el gordo, acomodándose el miembro en el jean, que imploraba por salir ya.

Viqui no supo si fue por el alcohol o por la forma de imponerse de aquel hombre, o porque estaba cansada por discutir, pero lo que si supo es que un minuto después, el gordo estaba saboreando sus tetas.

El tipo era más petizo que ella y gordo, y la trataba sin delicadez, con mucha fuerza.

Entonces él la empujó contra el auto y le empezó a bajar el cierre del shortcito, sin que ella se resistiera, dejándolo proceder y apenas apoyando sus manitos en los hombros de él.

El gordo la agarró por la cintura y la dio vuelta, quedando de espaldas a él, arrodillándose luego y bajándole el shortcito, quedando al descubierto sus cachetes firmes y redondos. El hombre le corrió la tanguita azul y hundió su cara en ese culito deseado por todos.

Viqui gimió al sentir la lengua del mecánico lamiendo sus labios vaginales, mientras sus dedos gruesos le apretaban las nalgas con fuerza.

Mientras tanto, su empleado se había quedado cerca, pajeándose ante esa imagen.

Viqui, borracha como estaba, se limitó a disfrutar de lo que esos hombres le hicieran sin su permiso, sin resistirse siquiera.

Entonces el gordo consideró que ya estaba bastante lubricada, así que pensó que era hora de penetrarla. Así que, sacando su miembro, que era grueso pero más corto que el de su empleado, lo apoyó en la entrada de la vagina de Viqui, empujándola despacito hacia adentro.

Cuando ella lo sintió dentro suyo, gimió de placer. Sentirse así sometida la calentaba mucho. Y encima, cuando el gordo retrocedió y volvió empujarla, sintió que sus piernas le temblaban, algo poco común en ella.

El hombre la agarró de la cintura y se la empezó a coger con violencia, estrellando contra ella su pelvis en un movimiento continuo, mientras ella apoyaba sus manos en el capó del auto.

Solamente el sonido del choque se escuchaba, mezclado con los jadeos de los hombres al estimular sus miembros, uno dentro de la modelito y otro con sus propias manos.

El dueño del taller se la culeó un rato más de parado, pero luego tuvo que parar un poco o se arriesgaba a acabar rápido.

Separándose de ella, retrocedió un paso antes de ordenarle:

- Arrodillate y chupamela.

Ella se apuró a obedecer, y con mucha elegancia, se puso de rodillas y se metió la verga de aquel desconocido en la boca, mirándolo a los ojos, desafiante. Él festejó aquello, sosteniéndole la mirada, aunque sin disimular el placer que le causaba aquello.

Entonces, después de aquel recreo, la ayudó a levantarse y la agarró de la cintura, ayudándola a subirse al capó del auto, en donde la sentó. Una vez ahí, le sacó la tanga y la abrió de piernas, acomodándola para que quedara a la altura de su verga. Y una vez así, la volvió a penetrar.

No fue nada delicado, entró y salió con rusticidad, estampándole feroces embestidas que la hicieron soltar gritos sofocados. El gordo, agarrándola por ambas piernas, le chupaba las tetas, mientras ella le aferraba las muñecas, con los ojos cerrados para no ver al sujeto que la sometía.

Se escuchaban los violentos aplausos acelerados provocados por el estrellar de ambas pelvis, mezclados con las puteadas que el tipo le profería a la modelito.

Y todo esto era presenciado por el flaco, que no dejaba de pajearse mirando a la rubia.

En un momento, su jefe le cerró las piernas al gatito, acomodándola de costado sobre el capó del vehículo, obligándola a que saque cola para darsela en esa posición. Y el flaco, aprovechando que la trolita había quedado de costado, con las tetas redondas y firmes muy apretadas, se acercó y se las manoseó, sin dejar de masturbarse.

Se la quería coger en cuanto su jefe terminara con ella, que era algo que podía pasar en cualquier momento.

El gordo, que aferraba a Viqui por una pierna y con la otra mano le agarraba el culo, notó que la descarga venía en camino. Un espasmo lo sacudió, sintiendo que sus fluidos seminales ya recorrían por el interior de su miembro.

Justo en ese momento hizo contacto visual con ella, y su carita lastimosa con la boquita abierta, fue suficiente para que lo hicieran decidirse en un segundo.

Retrocediendo un paso, la agarró a ella por una muñeca y sin decirle una palabra, la bajó del auto y ella, como entendiendo lo que pasaba, accedió, cayendo de rodillas delante del mecánico.

Él, al tenerla de rodillas delante, le metió la verga entre los labios, masturbándose salvajemente. No tardó mucho en sentir una descarga eléctrica en su miembro. En medio de estremecimientos de placer, su chota disparó un potente chorro de leche en la boquita de la mina, sin que él dejara de pajearse y gemir. Ella lo miraba mientras él le acababa en la boca, con una mano sobre la rubia cabellera suya.

Luego de descargarle la última gota, él dio algunos pasos hacia atrás, exhausto por la tarea, mientras ella trataba de escupir el fluido que le había quedado en la boca. Sin embargo, estaba por hacer esto cuando, de improviso, el flaco se acercó con prisa a ella. Y en un segundo, se le paró al lado con su verga grande apuntando a su cara.

Y antes que pudiera evitarlo o decir algo, él le escupía potentes chorros de semen en el rostro. Viqui trató de esquivarlo, pero él la aferró de la cabeza y no pudo zafarse, quedando en el camino de sus descargas. El flaco gimió con ganas, acompañando su venida sobre la rubia.

Una vez que ya se hubo descargado, también retrocedió, para ver el resultado de su labor.

Viqui tenía toda la carita salpicada de fluido seminal, que chorreaban por ella hasta caerle en las tetas, mientras ambos hombres sonreían y se felicitaban por el resultado.

Ella ardía de furia y de vergüenza, sintiendo en lo profundo de su ser que ese había sido su castigo por haber desobedecido a su novio cuando le dijo que no le usara el auto.

Los hombres, ya relajados y recuperados, se vestían a la vez que decían:

- Bueno, ya nos divertimos. Ahora es hora de laburar...

Y se pusieron a cumplir su parte del trato, dejando a la rubia que se repusiera de la cogida que le había pegado el mecánico.

 


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