miércoles, 21 de octubre de 2020

Valen: La modelito calentona


 Valentina es una pendeja rubia que siempre tuvo un cuerpazo de modelo. Y ella lo sabe, siendo eso lo que quería ser cuando cumpliera la edad adecuada.

 Además, su cuerpo adolescente siempre fue deseado por los hombres, algo que ella notaba en los ojos de ellos cuando la miraban. Así que usaba eso en su beneficio.

 Una vez, cuando terminó la escuela, usó esa ventaja para aprovecharse de un hombre.

 Ella quería anotarse en la escuela de modelos pero su familia primero quería que aprobara todas las materias.

 Pero Valen había desaprobado algunas materias y las tenía que recuperar en diciembre.

 El problema surgió cuando fue a averiguar cuáles tenía que recuperar y descubrió que, por culpa de sus constantes ausencias en clases, había quedado libre, o sea, que tenía que rendir todas las materias libres a fin de año, lo que significaba que se iba a perder el verano estudiando.

 Entonces decidió ir a hablar con el preceptor, que era el que tomaba lista, a ver si podía justificar alguna falta para que no se la contaran.

 En esa época del año hay muy pocos alumnos, concurriendo solamente los que tienen que recuperar. Además, la pendeja fue al horario después del mediodía, cuando muchos profesores se fueron a sus casas o a otras escuelas.

 Valen fue hasta la oficina del preceptor, que estaba al fondo de un pasillo, apartado de las aulas.

 La piba llamó a la puerta y el preceptor la dejó entrar. Este era un hombre de mediana edad, casado y con hijos pequeños. Tenía mucho trabajo así que estaba muy ocupado.

 Pero cuando la vio entrar a Valen, dejó todo de lado para prestarle atención.

 Era ya veranito así que ella se había venido con un short pequeño y una remera media suelta. Además, durante todo el año se había dedicado a calentar a los profesores con sus insinuaciones y con su cuerpo. Y ellos habían tenido que ignorarla por se alumna y por su edad. Pero como ahora había cumplido los 18, ya podía mirarla con otros ojos.

 Así que su preceptor se tomó un recreito del trabajo para darle la atención que ella necesitaba.

La pendeja le explicó su situación y cuál era su problema. Pero el preceptor no podía hacer nada, porque aunque justificara algunas faltas, todavía le faltaría algunas más para no perder la regularidad.

Ella le rogó que encontrar alguna manera para ayudarla, pero él, firme en su decisión, se negó. Y para que ella entendiera mejor, le mostró el cuaderno donde se anotan las asistencias.

Valen se inclinó en la mesa, fingiendo ver sus faltas, echando la colita hacia atrás para que el preceptor pudiera apreciarlo mejor. El hombre, que estaba parado al lado de ella, no le sacó los ojos de encima, viendo cómo el shorcito amenazaba con romper sus costuras en el esfuerzo de retener tanto culo. Encima, la pequeña tanga de la rubia se le dibujaba en la tela de jean, marcándosele bien visible.

Ella suspiró, pero sin cambiar la postura, moviendo entonces sus caderas de un lado a otro como cascabel.

La verga se le puso dura al preceptor, notándosele en la tela del pantalón, deseando ser liberada. Entonces el hombre fingió mostrarle algo a ella en el cuaderno que justificara su avance sobre ella. Y al hacerlo, le apoyó todo el tronco duro sobre un cachete de la cola, y como vio que ella no se quejó, la empujó sin disimulo, apretando el miembro contra la pendeja.

Ella sintió su pija apoyándola, empujando hacia atrás su colita como respuesta. El preceptor tembló de placer y un gemido se escapó de su boca.

Entonces Valen giró la cara para mirarlo a los ojos, preguntándole con picardía en tono de nena malcriada:

- Qué puedo hacer para que perdone algunas faltas?

- No puedo hacer nada. Va en contra del reglamento y me puede traer problemas si me descubren.

- Por favor! Hago lo que me pida!

Y para demostración, movió su cintura de un lado a otro, frotándole los cachetes en la chota dura.

- Me gustaría ayudarte. Pero no debería... Además yo qué gano?

- Si me borrás algunas faltas, me voy a portar muy bien con vos.

Y para probar que hablaba en serio, lo empujó con la cola para que se apartara de ella, enderezándose y dándose vuelta, mirándolo a los ojos al agarrarlo por la corbata y tirando de ella para aprisionarlo contra la mesa en la que antes estaba apoyada.

Él se dejó dominar así porque ya no podía pensar. Ella se puso frente a él, a pesar de que apenas le llegaba al pecho, y lo miró con sus ojitos verdes, sonriendo con malicia.

 A la vez, empezó a pajearlo por encima del pantalón, frotando su verga dura con sus manitos delicadas.

- Si me ayudás, puedo ser muy agradecida...

- No puedo, Valen...

Le dijo él, apenas pudiendo hablar, temblando extaciado.

Ella, dispuesta a conseguir lo que había venido a buscar, le bajó el cierre del pantalón, metiendo sus dedos dentro y aferrando su miembro con firmeza, sacándolo afuera y dejándolo a la vista. Él no se resistió, la dejó actuar, sometiéndose a su voluntad.

- Soy capaz de lo que sea con tal que me des lo que necesito.

Le dijo, rodeando con sus finos dedos la gruesa pija de su preceptor, recorriendo lentamente todo su largo con suaves movimientos, desde la base hasta la punta, masturbándolo con destreza.

- Aunque te perdone las faltas, igual vas a tener que rendir matemática, que la tenés directamente para febrero...

- Ya lo voy a solucionar eso.

Dijo, acelerando el ritmo de la paja, mordiéndose los labios mientras le sostenía la mirada al tembloso hombro.

- Entonces tenemos un trato? Vos me perdonás algunas faltas y yo dejo que me descargues en la boca...

El preceptor, con la boca abierta y estremeciéndose de placer, miró los ojos verdes de ella, que disfrutaba de la expresión en su rostro y de lo que estaba consiguiendo.

El hombre, al escuchar su oferta, ya no pudo resistirse más, exclamando sin contenerse:

- Sí!

Fue lo único que pudo decir. Ella, entonces, sonrió satisfecha y, lentamente, empezó a agacharse delante de él, cayendo de rodillas y quedando su carita angelical a la altura de su miembro erecto.

Unas gotas preseminales ya se asomaban de la punta de su glande, como lágrimas queriendo escapar.

- Si alguien se entera de esto me van a matar. Y me van a echar.

Le dijo él preocupado mirando los ojitos de ellas.

- Nadie se va a enterar. Va ser nuestro secreto.

Y sin dejar de mirarlo a los ojos, le pasó la lengua por la cabeza de la chota, recibiendo en su lengua su fluido, antes de rodear con sus labios la punta del miembro.

El preceptor gimió de placer, alzando la cara al cielo y agradeciendo por aquel regalo, volviendo a verla cómo le sonreía, divertida.

- Sos una puta!

Le dijo él, apenas pudiendo hablar y estremeciéndose.

Ella se rio, sintiéndose halagada.

Él sabía que a pesar de ser tan trola aquella pendeja, muy pocos se podían confesar que se la habían cogido.

Era la más deseada del salón y la más calienta pijas. Y disfrutaba de serlo. Tendría que sentirse afortunado, porque ahora la tenía ahí, arrodillada delante suyo, con su verga dura entrando y saliendo de su boquita adolescente.

Ella adivinó lo que él estaba pensando, sonriendo por eso, sin sacarle los ojos de encima.

Lo hombres habían sido para ella lo más difícil de manejar, siempre dándole lo que deseaban si ella sabía negociar.

 En la oficina solo se sentía el silencio, interrumpidos por los ruiditos provocados por los chuponeos de ella, que recorría con su boca todo el largo del pene del hombre.

- Te gusta?

Le preguntó ella, moviendo hacia delante y atrás la cabeza, haciéndole el mejor pete de toda su vida.

- Sos una petera.

Le dijo él y al mismo tiempo, la agarró de la cabeza y empezó a hacer movimientos de cadera hacia delante y atrás, cogiéndose su boquita. Valen gemía con cada empujón, festejando lo que aquel hombre le hacía.

Si seguía así, no iba a durar mucho más y ella pareció darse cuenta.

Así que agarró su miembro y empezó a pajearlo, abriendo la boquita y sacando la lenguita para recibir el chorro que él le escupiera.

- Dame la lechita. Acabame en la boca, dale. Me la quiero tomar toda...

El hombre entonces pensó que no iba aguantar más y cuando sentía que estaba por acabar, algo pasó.

Primero se escucharon unos pasos en el pasillo y después la puerta se abrió sorpresivamente, apareciendo por ahí otro hombre, mucho más viejo y un poco más gordo.

Habían sido descubiertos...

 

 Parte 2: Siendo compartida

- Qué están haciendo?

Gritó el viejo gordo y sus ojos como platos indicaban que estaban en problemas.

De todas formas no habían tenido tiempo de nada. El preceptor tenía la verga afuera del pantalón y la pendeja rubia arrodillada delante de él, con su boca succionándole el miembro, imposible disimular o encontrar algún justificativo.

El preceptor tartamudeó incoherencias, avergonzado y temeroso al ser descubierto así.

Valen seguía arrodillada, sosteniendo el pene del hombre.

Sin embargo, el viejo, que era el profe de matemáticas, al darse cuenta quién era la rubia, no pudo evitar que un calor lujurioso recorriera su cuerpo. Era la primera vez que la veía así, como una trola. La pendeja se había encargado de calentarlo durante todo el año con insinuaciones, solamente para ponerlo nervioso delante de sus compañeritos.

Así que ahora era su oportunidad de vengarse y exponerla.

- Valentina! Qué estas haciendo!

Y la agarró de un brazo y la levantó del piso. Ella se dejó porque la sabía que estaba haciendo algo mal. Así que no supo qué decir.

- Y usted? Cómo va hacer esto? No sabe que esta pendeja es bien puta? Tiene que resistir la tentación!

Y mientras decía esto, la sacudía del brazo, mirando al preceptor. Este estaba muy avergonzado y asustado, sabiendo lo que podía pasar.

- No me trate así! Yo no soy una puta!

Se defendió ella, pareciendo ofendida. El profe la volvió a sacudir del brazo, diciéndole:

- Cállese! Es tan puta que le va arruinar la vida a un hombre de conducta intachable! Y todo para qué? Por una calentura?

- No! Para que me perdone las faltas y no quedar libre!

- Ah y se lo intercambiaba por favores sexuales? Eso hacen las trolas! Las putitas como vos!

Le gritó el hombre y ella tuvo guardó silencio porque no supo qué responderle, porque tenía razón.

-Voy a tener que notificar de esto al director. Y los dos me van a acompañar.

Valen se enojó pero el preceptor entró en pánico. Apenas si pudo abalanzarse sobre él para negociar.

- No! Espere! Debe haber alguna forma de evitar esto!

-Qué? Quiere que finja que no vi esto? Me quiere sobornar?

- Por favor! Piénselo! Si me delata, me van a echar y me van arruinar la vida. Además de las denuncias que pueda recibir. Debe haber algo que pueda hacer por usted...

El profe lo miró con severidad, reflexionando sobre lo que el preceptor le decía, sabiendo que tenía razón. Tendrían que encontrar alguna manera que lo perjudicara a ninguno.

El viejo, que no estaba dispuesto a denunciarlo porque le caía bien, igual fingió que estaba convencido en hacer lo correcto.

- Y yo qué ganaría? Cómo pensas sobornarme?

Y luego de expresar esto, fijó su mirada en Valen, que lo miraba ofendida todavía.

Ambos hombres la miraron al mismo tiempo y ella entendió lo que querían.

-No! Ni en pedo!

Se atajó, soltándose del brazo que todavía le sostenía el viejo. Este se enojó, pero no dijo nada, solamente miró al preceptor, que entendió que si quería librarse de eso, la tenía que convencer.

- Valen! Por favor! Me vas a hundir! Y sabes que vos también estas en problemas. Porque te pueden echar. Y más si descubren que no te obligué.

Ella lo miró, enojada, lanzando fuego por los ojos.

-No se la voy a chupar! Me da asco!

- Valen! Pensá! Si te portas bien con él... también puede hacerte aprobar la materia. No tendrías que presentarte en todo el verano!

Ella reflexionó sobre esto y entendió que era buen negocio. Podía matar dos pájaros de un tiro.

Entonces lo miró al viejo y le preguntó:

- Es cierto?

- Por supuesto! Si te portás bien vas a tener lo que pidas...

Ella, entonces, de mala gana aceptó. Pero se estaba por arrodillar cuando el profe la frenó.

- No, pendeja. Si queres aprobar me vas a tener que dar algo más que una chupada...

Valen lo miró, enojada. Y estaba por echarse para atrás cuando él la convenció.

- Pensa que dentro de un rato podes irte de acá con la materia aprobada. Y sin tener que volver en todo el verano. O también te podes ir expulsada. Es tu decisión.

Entonces la rubia se dio cuenta que tenía que colaborar si quería conseguir lo que había venido a buscar.

- Qué quiere entonces?

-Quiero pegarte una buena cogida.

Y tras decir esto, le agarró los cachetes del culo, apretándolos con fuerza entre sus manos. Y después le dio un sonoro chirlo, mientras le decía:

- Todo el año moviste este culito delante de mí. Es hora que me tome revancha.

Y avanzó para besarla pero ella le corrió la cara. Él no se desanimó y en vez de eso, le desabrochó el shorcito de jean, dejándoselo flojo para bajárselo. Entonces la hizo girar para que le dé la espalda, empujándola contra el preceptor, a la vez que que se arrodillaba para bajarle shorcito, quedando su cara de frente a sus jóvenes nalgas blancas y firmes, bien ejercitadas. Llevaba una tanguita blanca, que el viejo corrió a un costado para comer hundir su cara entre esos cachetes, lamiendo sus labios vaginales.

Valen, apoyada en el preceptor, gimió de placer. Mientras tanto, este último observaba la escena en silencio, sintiendo como su verga se iba poniendo dura de nuevo.

Entonces el preceptor se apoyó en la mesa para no perder el equilibrio, mientras la pendeja se apoyaba en él, teniéndola a ella frente a él. La rubia lo miraba con sus ojos verdes y la boquita abierta, de donde se escapaban suspiros de placer.

El hombre no se pudo resistir y la besó, y sintió como ella volvía a aferrar su miembro con fuerza, empezando a pajearlo de vuelta.

Se besaron con ganas, el preceptor comiéndole bien los labios, mientras que ella aceleraba el ritmo de su masturbación.

Entonces el profe, ya saciado de comerse la conchita rosada de la pendeja, decidió penetrarla. Le separó los cachetes y colocó su miembro gordo y duro en la entrada de su vagina, empezando gradualmente introducirsela.

Valen lo sintió y para distraerse, se metió la verga del preceptor en la boca, comenzando a subir y bajar suavemente. A su vez, el hombre iba acompañando su movimiento con su mano apoyada en la cabellera rubia de ella.

Entonces el profe empezó a empujarla, anunciando que empezaba a cogérsela. Valen gimió al sentir al hombre entrar y salir de adentro suyo, cerrando los ojitos para no pensar en eso.

-Qué buena que estás pendeja! Siempre quise cogerme una modelito!

Y siguió dándole sin piedad, aferrándola de la cintura y de un hombro.

El preceptor entonces la ayudó a sacarse la remera, dejandola en corpiño, que el  profe desprendió para dejarla en tetas.

Entonces uno le frotó una y el otro le aferró la otra.

Sin embargo, aquello era demasiado para el profe, que dio muestra que estaba por acabar, sacándola para evitarlo. Pero después quiso volver a metérsela, aunque esta vez por el culito.

- No, por la cola no!

Se negó ella. El profe sonrió. Lo calentaba cuando ella se enojaba.

- No querés que te rompa el culito, pendeja?

Le preguntó y volvió a penetrarla por la vagina. Ella le iba a contestar, pero el preceptor la interrumpió:

- Dale, putita. Chupamela...

Y mientra le decía esto, empujaba su cabeza hacia abajo para que su miembro entrara en la boquita suya. Así que Valen siguió succionándola, ahora más rápido para obligarlo a acabar. Esto provocó que él gimiera y empezara a temblar, algo que fue notado por el viejo, que se calentó con esta escena, al punto de querer eyacular él también.

Entonces, aceleró su ritmo y pudo sentir cómo clímax llegaba.

Y así fue que empujándola tan profundo como pudo dentro de la vagina de la adolescente, explotó como un volcán, sintiendo cómo la descarga se producía dentro de esa pendeja que durante todo el año le dejó la verga dura. Entonces, retrocedió un poco para darle otro fuerte empujón, acompañando una segunda descarga con aquel movimiento, luego dio algunos empujones más para permitir que las últimas pequeñas descargas de semen salieran de su verga y fueran a depositarse bien hondo dentro de la joven.

Valen sintió lo que su profe le hacía, y se estaba por incorporar para evitarlo, cuando el preceptor (caliente por la escena presenciada) anuncio que estaba por acabar.

La pendeja, que no quería que su semen le manchara el pelo ni la cara, se lo metió en seguida en la boca, sintiendo cómo aquel hombre explotaba en su boca.

Un fuerte chorro caliente salió de la punta de su verga, siendo recibida en la garganta de Valen, que succionó un poco para que saliera el resto. Entones, otra escupida salió de su preceptor, que se estremecía con cada eyaculación, empujando la cabeza rubia de Valen para que no se la sacara de la boca.

La pendeja acompañaba sus chupadas con una buena paja, para que toda la leche de aquel hombre llenara su boca. Cuando sintió que ya no le quedaba más fluido por exprimir, se tragó lo que tenía en la boca, mientras se levantaba para mirar a los ojos al preceptor, que todavía temblaba de placer y que se había quedado con la boca abierta por tan buena atención.

- Te la tragaste putita?

- Sí, toda... Me tomé toda tu lechita... Es lo que querías?

Le preguntó ella con suavidad, todavía acariciando su verga.

- Sí, pendeja! Gracias, hija de mil puta! Gracias!

Respondió el hombre, apenas pudiendo hablar.

Ella le sonrió con picardía, sabiendo el poder que tenía sobre los hombres.

De tanto disfrutar de lo que había conseguido, se había olvidado del viejo que todavía le aferraba el culo, dándole un chirlo que la hizo mirarlo.

La alegría en su rostro anunciaba que también la había pasado como en el paraíso.

- Sos el mejor polvo de mi vida! Ahora mismo busco tu legajo y te subo las notas! Ojalá que se repita...

Ella lo miró con repulsión y lo ignoró, agachándose para subirse el shorcito, acomodándose la tanga entre los cachetes. Y después buscó el corpiño y su remera y se lo puso, en silencio, mientras los hombres también se acomodaban la ropa, sin dejar de mirar a la pendeja que le había cumplido una fantasía.

Valen se terminó de arreglar y salió de la oficina y cuando cerró la puerta tras ella, una sonrisa ocupó su rostro angelical.

Había conseguido lo que había ido a buscar.

 

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