jueves, 22 de octubre de 2020

Luli: La pendeja puta pagando su alquiler

 Ella es Luli, una pendeja rubia que le gusta mostrar el orto en instagram.

 Tiene un buen culo y todo el barrio se la quiere coger.

 Esta pendeja estaba de novia con un flaco que se la pasa laburando, asi que no está en todo el dia.

 Y es por eso que la piba se aburre de estar sola en la casa y a veces invita a distintos amigos, algunos de los cuales se la garchan cuando no está su novio.

 Varias veces el dueño del departamento vio entrar y salir alguno, entre los que están los amigos del cornudo.

 Pero se hacía el boludo porque no era su asunto. Pero un día esa información le iba a servir de ventaja.

 Como se ha mencionado, el protagonista de esta historia es el dueño del departamento donde ellos alquilan, lugar que es pagado por el novio de la pendeja puntualmente todos los meses.

 Pero un día, el hombre estaba solo en su casa porque su mujer se había ido hacer unos trámites, y aprovechó para ir a cobrar el alquiler, que lo tenían atrasado una semana, a sabiendas que el cornudo no estaba.

 El casero es un tipo de 40 años y no es ningún galán, pero estaba caliente con esa piba.


 
Así que fue a su departamento, que queda al fondo de su casa, y le golpeó la puerta, saliendo ella a atender.

 Entonces él le dijo que tenía que pagar el alquiler.

- Hola, Sergio. Mi novio viene a la noche y le alcanza la plata.

- Sí. Pero yo no puedo esperar nena. Necesito la plata ahora. Además hace una semana que están atrasados.

Le respondió él.

- Sí, ya sé. Pero si viene a la tarde, mi novio arregla con usted.

- No. Mirá si no me pagás ahora, vas a tener que llamar un flete porque tengo gente buscando alquiler.

- Y pero, yo no tengo la plata, la tiene mi novio.

- Mirá pendeja, o me pagás ahora, o le digo a tu novio de los amiguitos que vienen a verte cuando él no está.

 Ella se puso pálida y no supo qué decir.

- Pero no tengo la plata, señor...

- Debe haber otra manera en que podamos arreglar.

 Le sugirió, levantando una ceja.

 Ella lo miró y entendió lo que él quería.

- Cómo quiere arreglar?

 Le preguntó, bajando la voz, con un poco de timidez.

- Y mirá, si vos me das lo que yo quiero, los puedo esperar una semana más.

 Ella afirmó moviendo la cabeza, dejándolo pasar a su departamento después.

 El hombre entró y le miró el orto mientras ella cerraba la puerta.

 Tenía puesto un short muy chiquito, que le apretaba la manzanita y que amenazaba con explotar.

 Luli se dio vuelta y se dio cuenta que le estaba mirando el culo.

 Sabiendo lo deseado que era esa parte de su cuerpo, lo miró a los ojos y le preguntó:

- Entonces ¿Qué quiere hacer?

- Quiero que me hagas lo mismo que le hacés a los amigos de tu novio.

 Ella lo miró a los ojos y sin resistirse, aceptó.

 Entonces él la agarró del cuello y la arrinconó contra la puerta.

 Su mano era tan grande que sus dedos rodearon todo el diámetro de su garganta.

 Ya contra la puerta, le empezó a comer la boca, devorando esos labios carnosos.

 Mientras tanto, con la mano que tenía libre, la puso en la cintura de ella primero.

 Después, lentamente la fue llevando hasta su cola, agarrando uno de sus cachetes y apretándolo entre sus dedos.

 El casero saboreó su boca, sabiendo que en unos minutos iba a ocuparla con su verga.

 La piba besaba bien y con muchas ganas.

 A su vez, con una mano ella le frotaba la pija por encima de la tela del jogging. El tipo ya la tenía muy dura, así que al contacto con ella, se puso a punto de explotar.

 Mientras se besaban, ella le bajó el elástico del pantalón y sacó su chota, que rebotó como un resorte al ser liberada.

 Luli se separó de él y lo miró con sus ojitos, mientras lo pajeaba como una profesional.

- ¿Le gusta, señor?

 Le preguntó con tono de putita.

 El hombre no podía hablar, así que solamente movió la cabeza afirmativamente.

 Ella se pasó la lenguita por los labios, provocativamente, y él no pudo aguantar más.

 La agarró de la cabeza y de un hombro y la empujó hacia abajo para que se agachara.

 Ella cayó de rodillas, siguiendo pajeándolo con la verga a la altura de su cara.

 Su casero la miraba, esperando que cumpliera con su parte.

 Ella no le sacaba la vista de encima, hasta que finalmente, sacó la lenguita y la empezó a pasar por la cabeza de la verga.

 Y luego, lentamente se acercó y se la metió en la boquita, rodeándola con sus labios carnosos.

 El tipo soltó un suspiro largo cuando ella cabeceó para metérsela más en la boca.

 Aquel podía sentir sus movimientos mientras retrocedía y avanzaba, y el ruido que provocaba su pija al entrar y salir de su boquita, acompañados de chuponeos que lo hacían temblar, aunque estaba petrificado de tanto placer.

 Sus ojitos felinos lo miraban disfrutar y en cierto momento le preguntó con cara de putita:

- Te gusta?

- Sí!

Apenas le pudo contestar, y agarró su verga y se la metió de vuelta en la boca. Agarrándola después por la cabeza y moviéndose hacia delante y hacia atrás para cogerse esa boquita.

Pero tuvo que parar porque lo iba hacer acabar sino.

- Levantate.

Le ordenó y la trolita obedeció, mirándolo y tratando de adivinar lo que venía acontinuación.

Él no se lo pidió, solamente la dio vuelta por la cintura y la empujó contra la pared. Su culito juvenil y bien paradito lo esperaban debajo de ese apretado short. El casero le pegó un sonoro chirlo y luego se arrodillo detrás de ella, bajándole el pantaloncito y dejando a la vista esa colita blanca y firme. Una tanguita negra se hundía entre los cachetes de la pendeja.

El hombre acarició el borde de la tela y con un dedo la agarró y se la corrió a un costado, dejando al descubierto su conchita jugosa. Sergio festejó aquella visión y hundió su cara en ese culito, lamiendo sus gajos vaginales que ya lo esperaban húmedos.

Luli gimió al sentir su lengua acariciando su clítoris. Y era lo único que se podía escuchar, los gemidos de ella y los lengüetazas experimentados del hombre, que parecían querer beberse todo su néctar.

Pero, en determinado momento, se puso de pie y apuntó con su miembro el orificio de la adolescente, apoyando su glande en la entrada y empujándolo lentamente hacia adentro. Ella, al sentirlo, giró su rostro para verlo a la cara, sin decirle nada, solamente haciendo pucherito.

Finalmente él entró en ella y ambos soltaron profundos suspiros de placer. Esto incentivó al hombre a cogerla más fuerte.

Agarrándola por la cinturita, le empezó a propinar feroces embestidas, haciéndola gemir con cada empujón. Su verga entraba y salía de entre sus labios húmedos con ritmo acelerado, oyéndose el sonido de sus nalgas chocando contra el cuerpo del hombre que no dejaba de arremeter contra el frágil cuerpo de la pendeja.

- Sos una puta! Siempre me quise coger tu culito hermoso pendeja...

-Sí, soy re puta señor...

Gimió ella, calentándolo para que acabara más rápido.

Pero el tipo, para evitar esto, se la sacó a tiempo, calmándose el tiempo suficiente antes de volver a ponérsela.

- Date vuelta.

Le ordenó, todavía agitado.

-Vení para acá.

La llamó hacia la mesa. La piba, sacándose el short, caminó moviendo la colita como una gatita en celo, apoyando sus manitos en la mesa y parando la colita, esperando que el hombre la penetrara.

- No. Date vuelta que quiero verte a los ojos.

Ella obedeció, encarándolo. Él la agarró de la cintura y levantó hasta sentarla en la mesa, y sin ninguna delicadeza, la abrió de piernas, dejando al descubierto su deliciosa conchita húmeda.

El casero entonces apoyó su glande entre los labios de su vagina y se la metió de a poquito, mirándola a la cara mientras se lo hacía, viendo cómo ella abría la boca al sentir aquel hombre entrar dentro suyo.

Cuando por fin chocó contra ella, dejó escapara un profundo suspiro, demostrando que había disfrutado de aquella penetración. El hombre, extaciado por este gesto, retrocedió y volvió a embestirla con brutalidad, empezando a tomar ritmo, entrando y saliendo de ella una y otra vez.

Luli le clavó la uñas en el brazo, de donde estaba aferrada mientras él la penetraba. Su boquita carnosa dejaba escapar suspiros de placer y lo miraba con sus ojitos verdes, pidiendo sin palabras que se la cogiera más fuerte.


- Me hacés sentir una puta.

Le confesó ella, disfrutando de las arremetidas del hombre que la había tomado como forma de pago del alquiler.

Esa idea pasó por su cabeza y lo calentó aún más, a punto de estallar.

Entonces sintió que dentro suyo, sus fluidos comenzaban a recorrer el camino hacia el exterior, fluyendo por dentro de su miembro en busca de la salida.

Así fue que el casero, tomando envión, le asestó un fuerte empujón a la piba, dejándosela clavada bien profundo mientras de su interior brotaba todo el líquido seminal con la que llenaba el interior de la vagina de Luli.

- Acabo!

Gritó, estremeciéndose de placer a la vez que repetía el movimiento para permitir que una segunda descarga fuera a parar dentro de la chica.

La pendeja abrió la boca, horrorizada y sorprendida, sin esperarse que aquel fuera el desenlace. Pero no tuvo tiempo de reclamarle nada, porque él siguió moviéndose rítmicamente hasta que escupió la última gota.

- Ah pendeja! Sos una trola...

Y sacó su miembro todavía erecta de adentro de ella, siendo acompañado este por un líquido blanco que brotaba de sus labios vaginales. Ella se metió los dedos para permitir que el resto saliera, indignada.

- Bueno. Así sí vale la pena alquilarle a las putas con vos.

Dijo el casero, subiéndose el cierre del pantalón y con una enorme sonrisa en el rostro.

- Igual todavía me deben este mes. Así que cuando tu novio venga decile que lo puedo esperar hasta la semana que viene... O sino nos echamos otro polvo y se lo postergo una semana más.

Luli lo miró, furiosa, pero él no dejó de sonreír, yendo hacia la puerta y despidiéndose:

- Hasta luego pendeja. Muy buenos petes haces.

Y salió de ahí, dejando a la Luli enojada y chorreando semen por sus piernas.

 

 

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